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To the stars {Keith Báthory

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To the stars {Keith Báthory

Mensaje por Mariya I. Shwetz el Jue Mayo 30, 2013 5:44 am

No estaba acostumbrada a esto. No estaba acostumbrada a tener que caminar sola, a tener que caminar tarada, a tener que caminar sin caer a cada paso que daba. Quizás lo que más me molestaba, aunque no lo mostrara, es que hubiera acabado tal que así; dando clases de algo que odiaba en un sitio que probablemente odiaría. No sabía como me desenvolvería en una clase al otro lado de un escritorio. Siempre había sido aquella chica de la silla y la mesa, la que escuchaba, la que tomaba apuntes, la dicha como "Alumna estrella". ¿Había sido una estrella? Ahora me había convertido en un meteorito que se precipitaba a velocidad de la luz y que amenaza con destruir mi cordura.
Pero quizás aquello era lo que me merecía. Después de todos los pecados que había cometido, ¿Dios me estaría castigando? Pero, exactamente, ¿qué había hecho para tener que sufrir? No era una persona que se apiadara de sí misma, pero a veces no podía evitarlo. A veces pensaba y reflexionaba sobre mi destino, sobre mi pasado. ¿Para qué había nacido? ¿Para ser una desgracia? Hace años estaba convencida de que era un milagro y de que había venido al mundo para ser grande. A veces mi ego me obligaba a pensarlo de nuevo, aunque fuera un momento, pero cuando miraba todos los documentos de mis clases, volvía a la realidad. Nosotros, los humanos, no somos nada. Únicamente hormigas sirviendo a la sociedad.

Pero visualicemos. Me encontraba caminando frenéticamente por los pasillos de la universidad, ya no sabía ni donde. Es posible que me hubiera perdido, ya que no reconocía nada de lo que había a mi alrededor. Podría estar muy nerviosa por la incertidumbre, pero no me daba tiempo a pensar en ese tipo de cosas; tenía en mis brazos una acumulación bastante considerable de aquellos documentos que tanto odiaba, directos a Dirección.
Caminaba casi ridículamente, pues me había puesto aquel día unos tacones a considerar. Acompañado del vestido color militar, no daban el mejor resultado como para tener que hacer esas tareas.
Podía ver un poco por encima de los documentos, elevando un poco la cabeza, pero poco más. Y aquello que no vi fue la señal de "Recién fregado".
Un resbalón era fatal con los zapatos que llevaba, y dicho y hecho. Caí estrepitosamente de bruces, dejando caer también todos aquellos papeles.
Chasqueé la lengua, poniéndome de rodillas casi inmediatamente y recogiendo aquellos doctumentos. Me había hecho daño, y se notaba por las rojeces de mis rodillas y mi barbilla. Pero era tal la tensión que ni lo notaba.
-Ay, madre mía...- Susurré. Algunos alumnos se acercaron a ayudarme, pero los paré. Sonreí con dulzura y negué con la cabeza.
-Tranquilos, puedo recogerlo sola. De verdad. Volved a vuestras clases.- Les dije con un tono afable. Algunos me obedecieron y se fueron, otros fingían mientras se quedaban mirando. ¿Una estrella? ¿Un meteorito? Más bien, era un cometa que se desvanecería al instante, pero siempre seguiría vagando por el firmamento.


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Re: To the stars {Keith Báthory

Mensaje por Keith Báthory el Jue Mayo 30, 2013 4:18 pm

Él podía tener notas excelsas, sí, pero no eximía su excesivo mal comportamiento en el aula; sin embargo en esta ocasión no había echo nada excesivamente malo ni digno de recordar. No había pasado mucho tiempo desde que se incorporara a la facultad de humanidades para estudiar psicología pero ya le habían suspendido de clase. Era una mañana tranquila como cualquier otra o lo hubiera sido de no ser porque Keith comenzaba a cansarse del tipejo que tenía adelante haciéndose pasar por docente de neurología y fisiología. La mirada retadora del castaño le invitaba a cometer un nuevo error en sus explicaciones mientras se regodeaba en sí mismo por dejar en ridículo a un profesor en tan poco tiempo. No habían pasado 30 minutos desde el comienzo de la lección cuando el docente caminó hacia el fondo del aula parándose a un lado de él como si intentase abrumarlo con su cercanía. Keith sólo sonrió con socarronería, como acostumbraba a hacer con aquellos a los que consideraba estúpidamente engreídos. El profesor hizo preguntas asfixiantes y de conocimiento avanzados, pretendiendo que podría superar el ingenio de un Báthory; sin embargo sus esfuerzos fueron nulos y pronto terminó rindiéndose. Al volver a la pizarra Keith soltó un comentario gracioso que causó burlas en más de la mitad del aula. Aquello detonó la paciencia del buen hombre, que lo único que quería era dar su clase en paz sin que aquel muchachito quejica interrumpiera cada cinco minutos para corregir algo.
-Báthory, le voy a pedir que se retire por favor. Está dispersando a los estudiantes e interrumpiendo seguidamente la clase.
-Se equivoca, profesor- su voz estaba colmada del más absoluto sarcasmo cuando hizo énfasis en la última palabra-. No es usted quien me echa, pues no tiene fundamentos legales para tal cosa. Soy yo quien se va.
Y sin más qué decir abandonó la sala, sus pasos resonaron en el aula, ahora completamente silente, mientras un duelo de miradas igualmente intensas parecían cortar al otro con furia contenida.

Finalmente Keith se dirigió hacia el despacho de la dirección, queriendo consultar con la directora acerca de la competencia del incompetente profesor de neurología y fisiología. Cuando dobló en un pasillo se encontró con una dama en peligro. Él podía ser rebelde e irrespetuoso con aquellos que le caían mal, incluso con aquellos que no. Pero desde que su padre golpeaba a su madre había aprendido a siempre respetar a las damas, pues una lágrima derramada era un tesoro perdido. Se encaminó en su dirección y ayudó a recoger varios papeles que habían volado en el aire, cayendo justamente a un par de centímetros de sus pies. La mujer aseguraba estar bien y poder con todo aquello pero algo en el instinto de Keith gritaba que ella era una presa dispuesta a esconderse de todos. Aquello si que era gracioso. Esbozó su mejor sonrisa natural y se aproximó con una pila de documentos que habían resbalado y revoloteado más de lo que ella misma hubiera creído.
-No tengo nada mejor qué hacer en la próxima hora así que no me molesta ayudarla. ¿Se encuentra bien? Se ha hecho daño...
Sí. Keith se fijaba en todo.



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Re: To the stars {Keith Báthory

Mensaje por Mariya I. Shwetz el Vie Mayo 31, 2013 1:05 pm

Poca gente, por no decir ninguna, no me había hecho caso cuando les había casi rogado que me dejaran a mi sola. Pero aun así escuché la voz de un hombre que le llevó la contraria. Su excusa fue que no tenía ninguna clase a la siguiente hora, y aunque en el exterior tuviera que aparentar que aceptaba la ayuda a regañadientes, se lo agradecía. Agradecía que por una vez alguien alguien no me hiciera caso.
Él, un alumno de una carrera que no localizaba, se acercó con una pila de algunos de los documentos que se habían dispersado más de la cuenta. Yo me incorporé poco a poco y, con los restantes entre mis brazos, asentí con un gesto tranquilo, incluso tímido, a su pregunta.

-La verdad es que me he hecho un poco de daño.- Respondí con una risa un tanto forzada, retirándome un cabello del rostro, hasta guardarlo tras la oreja.- Pero no será nada que un poco de crema no arregle. No es grave.- Entonces fue cuando me atreví, tras dejar ese orgullo y esa vergüenza a un lado, a mirar a la cara a mi "salvador". Aquella sonrisa que esbozó me recordó al cielo, como si no estuviera cargada de esa sorna a la que me había acostumbrado en Kiev, como si realmente me hubiera ayudado desinteresadamente. Me había vuelto tan desconfiada que cualquier cosa parecía que se iba a poner en mi contra.
Después de todo acababa de llegar a la Universidad, por lo que no conocía a casi nadie. Me encerraba en un escudo en el que solo podía entrar yo, y del cual me era difícil salir. Pero, a decir verdad, aceptar la ayuda de alguien era un avance. Ya había hecho algo de lo que me había aconsejado mi psiquiatra.

-Muchas gracias por todo, no tenías por qué.- Susurré tras coger los documentos que había recogido y cargarlos en mis brazos. Miré a aquel chico, que tendría... ¿20 o 21 años? y le dediqué una sonrisa afable, agradecida. Si algo no había perdido era el ser complaciente, y mi ética y mi educación me obligaba a darle las gracias.

-Me gustaría agradecerte de algún modo, no todo el mundo se para a ayudar así como así. No sé si hoy he demostrado que los jóvenes son poco dados a ayudar o que tengo un gran poder sobre ellos.- Comenté, con una risa tranquila y un tono mucho más seguro que antes. Poco a poco, pasado el bochorno, sabía volver a ser como siempre.- No te reconozco de ninguna clase, así que adivino que no eres alumno mío... Yo soy Mariya Shwetz, de Cirugía General. Acabo de llegar hace pocos meses, así que no conozco nada ni nadie.- Me presenté, dejando mi última frase como una indirecta, muy indirecta, a que aquel chico se presentara. Aunque no fuera alumno, no estaba mal saber los nombres de los demás. Era muy trabajadora y metódica, y siempre me gustaba conocer todo a la perfección.
Me retiré del sitio recién fregado, dando un paso, pero sin alejarme más de la cuenta de aquel chico. También era cierto que guardaba las distancias, como una barrera. Siempre hablaba de aquella forma, como dejando para mi un espacio vital.


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Re: To the stars {Keith Báthory

Mensaje por Keith Báthory el Vie Mayo 31, 2013 2:04 pm

Asintió ligeramente. Quiso ofrecer su ayuda pero supo que era muy pronto. Respiró profundo como si con ello lograse obtener muestras del comportamiento de la fémina y, de alguna manera, se podía decir que así era. Keith estaba muy conectado no solo con sus sentidos sino con sus instintos básicos primarios y pudo saber por la fragancia que despedía, sencilla pero dulce y delicada, ella se sentía demasiado insegura. Quizás era una lesbiana de escaparate y no quería llamar la atención del sexo opuesto pero eso era precisamente lo que había sucedido. Keith se había fijado en su particular forma de andar, incluso en la forma en que hablaba; demasiado dulce para ser real, demasiado insegura para no serlo. ¿Qué había detrás de esos ojos extraídos del mismo mar?

El voluntarioso Keith los extendió hacia ella, ayudándola a acomodarlos, mientras la desnudaba con la mirada y tenía un aspecto angelical. Se veía muy joven para tener más de 30 años por lo que calculó tendría unos 25 o 26 si su agudeza no fallaba, y por lo general no lo hacía, incluso diría que había nacido en algún lugar al oeste de Rusia. Cuando la tuvo cara a cara su sonrisa se ensanchó solamente un par de milímetros más mostrando un cierto interés pero sin dejar de ser respetuoso y a la vez sin dejarse desenvolver de sus misterios. Era la primera vez que el muchacho veía a una mujer de aspecto tan maternal desde hacía muchísimos años, las institutrices del orfanato de Buda nunca habían sido un pastelito con ninguno de los niños, pero él estaba seguro que ella sería una madre excelente algún día.
-Oh, en eso se equivoca, señora...- probó tanteando el apelativo, a ver si alguna replicaba le suministraba un poco más de información, como por ejemplo, si estaba casada o no-. Tenía qué. Gozo de una ligera tendencia a rescatar damas en peligro.
Aquello había sido en parte cierto y en parte broma, desde luego su fin era sacarle una sonrisa por tímida o ligera que fuera. En realidad no era como si importara demasiado ¿o sí? al fin y al cabo era una profesora como todas las demás, aparentaba dulzura fuera del aula y allí dentro te comían vivo si te descuidabas.

Keith miró a los alrededores asegurándose de que no hubiera perdido ninguna otra hoja y tras comprobar que estuviera todo en orden se sintió un poco más relajado. Volvió a su actitud desgarbada de muchacho rebelde mientras llevaba ambas manos enlazadas por detrás de su cabeza, reflejando su seguridad en si mismo mientras hablaba con aquella fémina de precioso aspecto. Él no solía ser tan conversador ni mucho menos exigía nada a cambio cuando de hacer un favor se trataba e incluso en otra ocasión ya se hubiera marchado silenciosamente sin esperar siquiera un agradecimiento. Pero ella, Mariya de cirugía general, era diferente. Mariya le caía bien, por extraño que pareciera, ella verdaderamente le agradaba.
-¡Lo siento! Casi lo olvido, qué distraído soy- Keith frunció el ceño ligeramente, decepcionado de sí mismo por su falta de modales y miró a la mujer, extendiendo su mano para presentarse-. Keith Báthory de psicología, aunque al igual que usted soy nuevo y solamente conozco a unos pocos alumnos y profesores. Acabo de salir del aula de neurología porque el profesor es un cretino de primera que no sabe ni lo que habla.
Su apretón era fuerte y firme, tan firme y fuerte como podía ser su cuerpo desnudo frotándose contra el suave, delicado y cálido cuerpo de una fémina entre sus sábanas. Tras hablarle sobre su reciente desventura, ensanchó su sonrisa como si estuviera orgulloso de sí mismo por dejar al profesor incompetente con la palabra en la boca aunque no estaba molesto en absoluto, de hecho no podía hacerle más gracia que aquel docente de cuarta quisiera poner en ridículo a alguien que no fuera su misma persona.



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Re: To the stars {Keith Báthory

Mensaje por Mariya I. Shwetz el Vie Mayo 31, 2013 3:17 pm

¿Una dama en apuros? Aquello me hizo reír. Pero no era porque pensara que no tuviera razón, si no porque simplemente jamás me habían denominado de aquella forma. Sonreí casi disimulando, examinándole, intentando adivinar qué había visto de dama en peligro en mi. No parecía uno de aquellos chicos tan desagradables que más de una vez se había encontrado, pero tampoco parecía uno de aquellos tan demasiado respetuosos que dejaban ver su falsedad. En la clase había de todo, por supuesto, y yo era observadora; sabía qué tipo de chicos y chicas había, pero únicamente había conocido eso, mi clase. Debía dejar de comparar las cosas que conocía con lo que ya había vivido, pues eso solamente me hundiría en la miseria. Quizás la psiquiatra tenía razón y había más mundo del que yo conocía.

-No me suele gustar que me llamen de señora o señorita, así que si simplemente me llamas por mi nombre, estaré contenta.- Comenté ante aquel apelativo, aquel "señora" que me había llegado al alma; ¿aparentaría más edad de la que tenía? Como toda mujer tenía mis preocupaciones acerca de mi aspecto, y la verdad es que en primera instancia me preocupé sobre si realmente me veía tan demacrada. Lo disimulé bajo aquella máscara, aquella sonrisa neutral, pero a la vez aparentemente sincera y agradable. Mi manía era el esconder lo que pensaba realmente, el no dejar que nadie atravesara mi capa de hielo.

-¿Keith?- Formulé a modo de pregunta, únicamente para grabarlo en mi mente.- Lo recordaré. Es un gusto conocerte.- Cogí la mano del chico para el consiguiente apretón. Era duro y fuerte, contrastando con mi agarre débil y delicado. El muchacho, Keith, era en general de aspecto duro y fuerte, siendo quizás otra persona con un escudo. ¿Tendría un escudo aquel chico? El gesto del apretón y las palabras consiguientes, que me inspiraron un carácter fuerte y rebelde, me hicieron preguntarme quién era. En ninguna cabeza cabría el quejarse de aquella forma de un profesor frente a otro profesor, aun más siendo que ambos eran de la rama de la medicina. Por ello mi curiosidad se activó, ¿había sido un descuido? No, no lo creía. Aquel chico parecía inteligente, no parecía que "soltara" lo que decía así porque sí. Quizás simplemente vio en mi alguien en quien confiar, lo que se me hacía aún más extraño. Después de lo que había vivido, se me hacía increíble que alguien pudiera depositar un poco de confianza en mi.
Pero no quería subirme a aquel barco. ¿Y si dijera algo impropio de aquel profesor y Keith se lo contara? Podría ser malo, podría fracasar otra vez. Pero por alguna razón, aquel chico y su caracter tan natural, tan fuerte, me dificultaba la tarea.

Sé neutral, Mariya. Sé neutral. Pensé.

-¿Querrías contarme lo que ha pasado?- Pregunté con un aire maternal. Sí, por ahí iba bien, y así no tendría que ponerme de ningún lado. Conocería todos los detalles y después hablaría en consecuencia, como la adulta responsable que era.- Quizás es una confusión. Muchas veces se tiende a pensar, entre alumnos y profesores, que el otro es el enemigo, cuando solamente han sido unas palabras mal escogidas.- Sentía que iba bien en mi camino. Debía alejarme emocionalmente, sonreír y comportarme, dejar de lado la pasión. Pero se hacía difícil, quizás porque hacía demasiado tiempo que nadie me trataba con el aire que se respiraba en Keith, aquella naturalidad, aquella seguridad. En el fondo, yo también quería ser segura; intentaba aparentarlo, pero mi cabeza estaba llena de dudas, como por ejemplo: ¿Hasta qué grado debía implicarme con un alumno?


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Re: To the stars {Keith Báthory

Mensaje por Keith Báthory el Vie Mayo 31, 2013 4:43 pm

En cuanto percibió su reacción se contuvo de cerrar su puño y codear hacia abajo en un gesto de victoria, contuvo algún impulso de sí mismo durante unos segundos más hasta que finalmente soltó un suspiro complacido. Regodeándose en su propio ser se sintió como no se había sentido desde la última vez que una chica le había agradado realmente, cómodo, como si no tuviera que esforzarse demasiado por encajar. A pesar de todo él nunca había cedido a la comodidad, siempre había sido desconfiado para bajar su guardia y con Mariya que era una profesora no sería tampoco muy diferente.
-Como desee usted, señorit.....-se interrumpió para corregirse a sí mismo antes de que ella mostrara algún gesto de incomodidad-. Mariya.
Keith la miró fijamente con sus ojos castaños abiertos de par en par como si no quisiera perderse el más mínimo detalle por insignificante que pareciera. Era el tipo de persona que prefería rezagarse a una pared a fumar en vez de tener que soportar al barullo de una persona, sea cual fuere, pero Mariya era tímida y silenciosa por lo que no se sentía incómodo en su presencia. Su cabeza se dobló ligeramente como un cachorro cuando no entiende la orden que se le ha dado y negó suavemente con gentileza, dando a entender que no era simplemente un intercambio de palabras mal escogidas, mientras buscaba la forma de explayarse de modo que aquella mujer tuviera una opinión objetiva. Finalmente tomó aire y soltó todo cuanto tenía que decir.

-Quizás es algo grosero corregir a un especialista en su propia área y quizás por esta razón me haya suspendido de clase...- admitió Keith, el orgullo nunca había sido de mucha importancia para él por lo que disculparse y admitir un error nunca suponía un problema-. Pero si no tiene razón en lo que dice, no la tiene. ¿No lo cree usted Mariya? Le faltan bases legales para echarme del salón ya que no he hecho nada que dentro de la ley o las normas de la institución se considere ofensivo o ilegal. De hecho estoy bastante seguro de estar en mi derecho de expresar cualquier reclamo si considero que la información que se me imparte no es verídica o está incompleta. Usted parece una mujer inteligente y competente, Mariya, seguro me entiende.

Mi madre tenía postgrados en biología y química. Además era investigadora a nivel internacional, sus investigaciones fueron auspiciadas por el centro médico y farmacéutico de la Universidad Albert Szent-Györgyien, allá en Hungría. Usted es médica y quizás la conozca, se llamaba Vivéka Blackbird. Estaban investigando el desgaste de las neuronas que producen Dopamina para prevenir el mal de Parkinson. Si lo vemos de este modo, se puede decir que conozco bastante con respecto al tema ya que incluso aún tengo folios con sus investigaciones. No es como si solamente quisiera joder la paciencia a un profesor por capricho.


Parecía que él estuviera hablando apresuradamente, como si no le diera tiempo de explicar todo en un solo momento, pero lo cierto era que estaba meditando muy bien todo lo que decía como por ejemplo el nombre de casada de su madre. Vivéka Blackbird era conocida en Ucrania por sus investigaciones importantes y su colaboración farmacológica con el centro médico de aquella universidad pero nadie debería haber sabido que en realidad se llamaba Vivéka Báthory. Nadie excepto su propio hijo y uno que otro pariente que ya habría de estar muerto. Nadie necesitaba saber que Keith prefería usar el apellido materno en vez del paterno. Nadie necesitaba saber que Keith Blackbird había muerto el mismo día que Vivéka Báthory; porque nadie sabría nunca que Vivéka Blackbird -la importante investigadora de la universidad de Szeged cuya muerte había sido cubierta como un accidente vial- era la misma Vivéka Báthory -la ama de casa maltratada con un hijo ahora huérfano que tanto había resonado en los periódicos de Budapest-. Pero Vivéka siempre iba a vivir en la memoria de Keith que había luchado por ella durante años y que la había defendido con uñas y dientes de los maltratos ajenos. El muchacho se había criado así, acostumbrado a defender mujeres frágiles, vulnerables.
-Permítame ayudarla o quizás invitarle un café, pero no hablemos mucho más del asunto- dijo finalmente, en un intento desesperado por alejarse de aquellos pensamientos dolorosos del pasado.



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Re: To the stars {Keith Báthory

Mensaje por Mariya I. Shwetz el Sáb Jun 01, 2013 4:36 pm

La explicación de Keith era clara. Estaba claro que, desde su perspectiva, tenía toda la razón del mundo; si un profesor fallaba y era corregido, debía asumirlo como parte de su trabajo. Después de todo, el profesor también debía aprender.
Asentí a su explicación.

-Entiendo tu punto de vista, nadie nace experto y siempre se debe aceptar el aprendizaje, venga de donde venga. Fue quizás su orgullo lo que no se le permitió, pero estoy segura de que no tendrá repercusiones...- Respondió en una voz calmada a su explicación. Pero Keith comenzó a hablar con rapidez, explicando el origen de su sabiduría. Vivéka Blackbird, por supuesto que la conocía, cómo no iba a conocerla, su fama en Ucrania no había sido poca y mi padre me había hablado gratamente de ella cuando aún estaba en la universidad... y él estaba vivo. Aun así, me asusté al oír aquel nombre tan resonado en mi país de origen, lo que se mostró por un lado en mi rostro. Lo bajé y miré al suelo, únicamente durante una milésima de segundo, lo que me dio para tragar fuerte y volverle a mirar con un gesto neutral y afable, ocultando bajo una máscara de despreocupación todo aquello que me atormentaba.

-¿Vivéka Blackbird? Algo me han contado de ella...- Respondí con toda la naturalidad posible, intentando que no se notara que estaba mintiendo. Y prácticamente lo conseguía, pues había logrado en los últimos años un grado de veracidad que me habría resultado imposible hace tiempo. Me llevaba a preguntarme en qué me estaba convirtiendo.

Aun así, y afortunadamente, el tema de conversación no duró mucho. Igual era porque a Keith le resultaba incómodo, o quizás es porque notó por algún momento mi actitud reacia a hablar sobre ello. Pensé en qué cabo podría haber fallado.
Pero de todas formas, acepté su invitación con una sonrisa, asintiendo.
-Será un placer para mi, Keith. Pero que un alumno invite a una profesora me resulta incómodo, así que si me lo permites seré yo la que te invite. Es lo mínimo que puedo hacer por ayudarme antes.- Dije fijando mi mirada en los ojos del muchacho, observando aquellas duras facciones, aquella fuerte complexión, intentando disimular y distanciarme. Di un paso en dirección a la cafetería, girándome después y mirándole con aquel rostro mío endulzado.

-Aunque a cambio, tendrás que prometerme que no te meterás en más líos en clase. Si no te importa hablaré yo con tu profesor sobre el incidente. Pareces alguien inteligente y no querría que se te intentara vetar.- Me ofrecí con la mejor intención que pude. Sí, había un lado en mi que quería ayudarle, pero había otro que quería enterarse de los detalles del incidente. Aún estaba examinando al personal de aquel sitio, para asegurarme que era de fiar. Porque nunca me terminaría de fiar del todo de absolutamente nadie.


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Re: To the stars {Keith Báthory

Mensaje por Keith Báthory el Dom Jun 02, 2013 12:45 am

Mariya era ése tipo de mujer con complejo de Kristen Stewart que miraba al suelo cuando se sentía cohibida, incómoda, indiferente, curiosa, fascinada e incluso excitada o solamente había tenido un momento de debilidad que Keith desgraciadamente no había podido percibir o de lo contrario no la estuviera comparando con la protagonista de una película tan banal como crepúsculo. El castaño no solía ser muy crítico en cuanto a la literatura, a pesar de él mismo ser escritor amateur, pero tampoco podía ignorar el hecho de una temática banal con una mala dirección y un reparto de calidad dudosa. Aunque como Kristen, esta mujer era preciosa. Lo que le llevó a hacer una mueca como si estuviera a punto de reír pero prefirió no hacerlo, su semblante se ensombreció ligeramente y se recordó a sí mismo que Mariya era una profesora y no una mujer con la que podía acostarse si le daba la gana. Aquello último pateó su ego con tal fuerza que le envió a plutón.

Narciso balanceó su peso de un pie a otro mientras escuchaba atentamente todo cuando la mujer decía, hasta que creyó conveniente abrir la boca de nuevo. El lobo esbozó su mejor sonrisa de cordero para la joven profesora, que estaba en diagonal a él, mientras hacia un gesto a modo de invitación. A unos cuantos metros de donde ellos estaban había un cruce hacia la derecha y hacia la izquierda unas escaleras que daban al piso inferior por donde deberían dirigirse ambos si querían llegar a la cafetería más próxima.
-Aunque no estoy a favor de que sean las damas quienes paguen la cuenta voy a aceptar su proposición; más porque mi taquilla, donde me dejé el monedero, está muy lejos y no deseo caminar tanto que por algún otro motivo.
Así era Keith, cuando creías que iba a decir algo romántico y caballeroso como "no desearía hacerla esperar" o "no querría que caminase más de la cuenta", salía con la primera sandez que producía alguna sinapsis básica de su cerebro. No mucho más que soltar lo primero que venía para atender sus necesidades básicas, si bien no estaba de acuerdo con que la fémina tuviera que pagar con lo suyo, por no decir lo de ambos, también se sentía muy cansado como para pegar carrera hasta la otra punta de la facultad de humanidades. Era normal en Keith decir las cosas de forma directa y sin tapujos aunque siendo lo suficientemente inteligente para saber lo que debía guardarse para sí mismo. Como el hecho de que le encantara el pequeño lunar que Mariya tenía a escasos centímetros de la curva de su ceja derecha.

-Mariya, dijo que era nueva, ¿cierto?- preguntó él, quizás acercándose un poco al terreno vetado de la morena, pues cualquiera hubiera creído que le preguntaría su procedencia. Mas no era así, Keith no necesitaba que le dijeran de dónde era Mariya porque ya lo sabía-. ¿Se ha integrado bien? He escuchado que varios profesores son difíciles aunque el grupo profesoral en líneas generales es respetable. Además de haber alumnos bastante... problemáticos.
Esta vez le miró sin ninguna pretensión más que la curiosidad misma de conocer mejor a alguien que ya te agrada por lo poco que has visto. No creyó necesario hablarle al respecto de la secta, ya se enteraría por sí misma.



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