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A veces la tentación es demasiado peligrosa ▲ Yulia Petrova

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A veces la tentación es demasiado peligrosa ▲ Yulia Petrova

Mensaje por Invitado el Jue Mar 14, 2013 6:44 pm

A veces la tentación es demasiado peligrosa
Casa Belikov/Petrova - Sábado. 02:26 - Yulia I. Petrova

Abrí los ojos cuando alguién me abrazó por la espalda. El primer impulso había sido el de separarme para ver quién era la persona que me abrazaba a esas horas de la mañana. Se trataba de Katherina, una rubia espectacular que me había traído a casa por la noche, después de una fiesta en una de las discotecas más conocidas de la ciudad. Una sonrisa surcó mis labios, nos conocíamos desde hacía un par de meses, pero en realidad no nos conocíamos de nada, aunque no podía negar que conocía su cuerpo, y muy a fondo. El teléfono de la chica vibró en la mesita, y con un débil empujón la desperté. — Kath. Creo que tu padre te espera en casa — musité levantándome a coger el aparato, que no dejaba de hacer molestos movimientos. Lo agarré casi apunto de que se cayera, y suspiré con pesadez, se trataba de su padre, y me di cuenta al ver la foto que salía en la pantalla que se iluminaba. Ella al lado de un hombre mayor, sí, había heredado sus rasgos, sin duda.

La rubia se levantó con rapidez, y se vistió a toda prisa, pero yo no me moví de donde estaba, ni siquiera la dije que se dejaba el sujetador debajo de la cama, porque me había quedado mirándola, cada movimiento, cada gesto... era entretenido. Con un rápido beso en los labios se marchó por la puerta, y escuché sus tacones alejandose poco antes del ruido de la alarma en la entrada principal. Me llevé una mano a la cabeza, y corrí hasta el pasillo, donde pulsé la clave, y aquel irritante sonido cesó. Dí gracias a que apenas había estado encendida dos segundos, así como de que mi madre no se enterara de que había traído otra mujer a casa. Sí, parecía que mi nuevo padre estaba más enfadado de lo que debería de estar, algo que me molestaba, y mucho.

Al entrar a mi habitación agarré el sostén del suelo, y lo dejé sobre la cama, mientras entraba al baño, sí... necesitaba una ducha. No me molesté en cerrar la puerta, así como tampoco en descubrir si había alguien más en casa. Sabía que mis hermanas se habían ido a un concierto que daban en la ciudad, mamá se había ido a cenar con ese hombre que quería que lo llamará papá, y mis hermanastras... ni idea de donde podían encontrarse. Eso me hizo pensar en Yulia, y un estremecimiento cruzó mis cervicales, e intenté olvidarme del recuerdo de aquella mañana al mismo tiempo que cerraba la cortina, alejándome de todo.
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Re: A veces la tentación es demasiado peligrosa ▲ Yulia Petrova

Mensaje por Yulia I. Petrova el Vie Mar 15, 2013 1:06 pm


A veces la tentación es demasiado peligrosa.
Sábado 02:33 · Casa Belikov-Petrova· Nathaniel A. Belikov ·

Las calles, aquellas horribles y solitarias calles por las que siempre tenía que pasar la joven si es quería llegar a su casa. Aquella noche no había destacado, en absoluto. Había ido a unos cuantos antros con sus mejores amigas, ¿y qué había encontrado? ¡Pues nada! Un hombre de unos veinte años que no estaba nada mal, si no todo por el contrario, alto, rubio, esbelto, tal y como a Yulia le gustaban, y si, había habido suerte, un par de besitos pero nada más y eso le hacía replantearse el hecho de su hermanastro, ¿y si no se le había llevado a casa por él? Negó débilmente con la cabeza y siguió caminando. No podía decirse que iba fea, un vestido negro y bastante ceñido se ajustaba a su cuerpo, con una fina gabardina, también negra, que lograba tapar aquel vestido y sus típicos tacones de aguja, de un color crema, que la volvían loca, los cuáles habían sido regalo de su hermana mayor, Natasha, la cuál siempre la regalaba de todo, Yulia siempre había visto ese hecho de buenas maneras, e incluso, pensando que su hermana mayor quería hacer las funciones de madre, de esa madre que la rubia había perdido cuando era pequeña, y eso se lo agradecía de corazón.

Siguió caminando, eso sí, no sin antes pararse en una de las calles cercanas a su casa y quitarse los zapatos y colgarlos en su mano, no podría más con ellos, adoraba los zapatos y más si eran tacones pero llegaba un momento que el cansancio la pasaba factura. Entró sigilosamente por la puerta y observó como toda la casa se encontraba en el más profundo de los silencios, parecía que no había absolutamente nadie, ¿o es que estaba equivocada? Sabía que las gemelas no estaban, su hermana no iba a pisar la casa en toda la noche y su padre, de él a veces no quería saber absolutamente nada, pero aquella noche había salido a cenar con aquella mujer. No es que tuviera queja de ella, ni mucho menos, la trataba como a una hija más, pero nunca iba a poder soportar que intentará cubrir el puesto de su madre, ya que eso era imposible. Cerró con lentitud y caminó hacía la cocina, donde aprovecho para coger una botella de agua y unas cuantas piezas de fruta para subirse a su habitación, cierto era que a la rubia le gustaba cuidarse y por supuesto mantener la figura.

Tras unos segundos de deliberación mientras escogía qué tipo de fruta subir a su cuarto pudo notar como se escuchaba el sonido del agua caer lo que le hizo suponer que obviamente no estaba sola en casa. Paró en seco en las escaleras y pensó durante unos segundos de quién podía tratarse. ¿quién iba a ser sino él? Maldijo durante unos segundos y caminó rápidamente hacía su cuarto bastante molesta por el hecho de que él estuviera en casa y mucho más por el hecho de que ambos estuvieran solos. Tiró las piezas de fruta e hizo lo mismo con la gabardina y los zapatos, dejándose solo el vestido, no sabía qué hacer si ir a su habitación y sentarse en la cama en plan "!Sorpresa! Ya estoy aquí para amargarte la noche" o mejor entrar al baño y hacer exactamente lo mismo. No pudo evitar reír al pensar en sus dos ideas locas, pero optó por la segunda, caminó hacía su habitación y encontró el sostén de cierta chica, lo cogió con cierta delicadeza y no pudo evitar sentirse mal, cómo si hubiera querido ser ella la chica que había estado con él. Cerró los ojos y dejó que este pensamiento se fuera de la cabeza mientras caminaba hacía el baño.

Aún llevaba el sostén en la mano y no es que quisiera pedirle explicaciones, ni mucho menos, pero si quería advertirle, quizás hacerle ver que estaba molesta, pero, ¿acaso iba a servir de algo? Ni ella misma se aclaraba, era obvio que desde que había pasado algo entre ellos, no podía quitárselo de la cabeza y eso no le gustaba a Yulia, ni mucho menos. No era nada suyo, pero, no estaba bien. Observó como había terminado ya de ducharse, toalla puesta y aprovecho para tirarle la prenda a la cara, intentando no hacerle demasiado daño. - Deberías de tener más cuidado, no querrás que tu mami se entere de que traes chicas a casa.-Comentó lo más normal que pudo intentando no hacerle ver que estaba un tanto molesta, respiró profundamente y entró en el baño, para así mirar al espejo y quizás disimular un poco, se recogió el pelo en una simple coleta y se acercó de nuevo a la puerta mirándolo con una risa un tanto burlona. - ¿Qué pasa? ¿no me esperabas? -Preguntó retóricamente la joven mientras caminaba de vuelta hacía su habitación, sin duda, la noche acababa de empezar para ella.



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Re: A veces la tentación es demasiado peligrosa ▲ Yulia Petrova

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 16, 2013 11:37 am

A veces la tentación es demasiado peligrosa
Casa Belikov/Petrova - Sábado. 02:26 - Yulia I. Petrova

No podía negar lo evidente, y eso era que la preocupación por las peleas que últimamente tenían sus hermanas iban a peor. Desde que habían tenido que mudarse a vivir a la casa de los Petrova todo había cambiado, incluso la relación entre los Belikov. Nate estaba al tanto de las ganas que tenía Dasha de alejarlo de Yulia, pero estaba claro que su hermana pondría el grito en el cielo si se enteraba de aquella mañana en la que los dos rubios habían hecho de las suyas. Apoyó la frente en el frío azulejo mientras el agua golpeaba su cuerpo, después de aquel encuentro todo había cambiado, la relación si cabía era más tirante, pero la tensión sexual entre ambos era inmensa. La verdad es que hacía un par de meses no habría podido asegurar que todo esto iba a pasar. Sí, cierto era que Yulia no era su hermana, no era de su sangre, y no era nada raro que la tensión entre dos personas podía surgir, pero el problema estaba en que los padres de ambos no pensarían lo mismo. Sin añadir que si alguna de las gemelas se enteraba seguramente... estaba perdido.

La verdad es que no estaba del todo mal, tampoco se llevaban a matar entre todos, pero todavían estaban un poco incómodos. Las gemelas estaban constantemente quejandose, y eso era algo que su madre sabía, y las regañaba por ello. Y Nate... bueno el rubio era un caso aparte, desde siempre había tenido una espina clavada a causa de que su padre los abandonara con seis años, pero ahora que otro hombre intentaba cubrir ese puesto que él creía olvidado... dolía. Bueno, no dolía sino que era demasiado raro. Desde el momento en que se había convertido en el hombre de la casa había optado por llevar ese papel, y lo peor es que le molestaba que alguien pudiera quitarselo. ¿Era egoísta por su parte? Seguramente, pero le importaba bien poco. Sí, su madre se veía feliz, y siempre estaba sonriendo, algo que hacía mucho, pero mucho tiempo que no veía, pero no era lo mismo. Él ya era feliz viviendo en casa solamente los cuatro, sin tener que sopotar las tonterías de un hombre que quería ser su padre, de una hermana que apenas veía, y de otra con la que se había acostado, si... la verdad es que era complicado.

No había cenado, porlo que notó como un rugido en el estomago le hacía sentirse mal, sobretodo después de las copas que se había tomado aquella noche. Ni siquiera recordaba cuantas había tomado, pero gracias a Dios todo parecía volverse un poco más natural después de haberse lavado los dientes, y de esa ducha que estaba apunto de terminar. Sentir el agua caliente era la sensación más gratificante de aquel día -o por lo menos quitando la noche con aquella chica- pero necesitaba ese momento para él solo. Se enjabonó una vez más el cuerpo en un intento de no salir nunca de aquel cubículo y no ver lo que le esperaba fuera, pero con suerte todavía no habría nadie, y le daría tiempo a escabullirse, como hacía siempre.

Se deshizo del jabón que le quedaba y salió, agarrando una toalla con su mano izquierda. Se la colocó en la cintura, y estaba rebuscando entre sus cosas la espuma de afeitar cuando escuchó unos pasos. Eran débiles, pero sabía que había alguien en su habitación, pero no le dio cuenta a dar un paso, cuando se encontró con un sostén pegándole en la cara. Lo agarró y se percató de que se trataba del mismo que había cogido minutos antes, pero estaba vez la situación era diferente, Yulia estaba enfrente bastante enfadada. Una risotada saltó de su boca al escucharla. — No te preocupes tanto Yulia, te saldrán arrugas — contestó como si le importara bien poco estar prácticamente desnudo delante de ella. La observó cogerse una coleta, y mirarse al espejo como si no importara nada más, o como si no hubiese molestado su momento de paz. Se dió la vuelta mosqueada, murmurando. En un par de pasos Nate ya la había alcanzado, la agarró del brazo y la regaló una sonrisa. — Si llego a saberlo te hubiese invitado a ducharte conmigo — soltó como si poco importara. A Nate le daba igual que fuera su hermanastra, él tenía esos comentarios sin importarle poco más. Su mano izquierda se pasó por la cintura de la chica mientras sus ojos observaban aquel vestido ceñido que le estaba volviendo loco.
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Re: A veces la tentación es demasiado peligrosa ▲ Yulia Petrova

Mensaje por Yulia I. Petrova el Sáb Mar 16, 2013 3:43 pm


A veces la tentación es demasiado peligrosa.
Sábado 02:33 · Casa Belikov-Petrova· Nathaniel A. Belikov ·

No le dio tiempo a a llegar a su habitación cuando se encontró con el brazo de Nathaniel, el cual la había agarrado y estaba haciendo que la joven no pudiera avanzar hacía su habitación, ya que era allí dónde quería ir, quizás para intentar olvidar que estaba sola en casa con él o simplemente porque no le apetecía verle. Miró su brazo mientras alzaba la vista y centraba sus ojos en los del joven, sin resultado alguno, ni siquiera sabía qué esperar de él desde aquella noche las cosas habían estado demasiado tensas y ninguno de los dos se había atrevido a hablar con el otro del tema. Pensándolo mejor, ¿había algo que hablar? Quizás aclarar las cosas, aunque tampoco iba a servir de mucho, Nathaniel era un mujeriego, mientras que Yulia tampoco se quedaba corta, pero había algo, algo de él que le hacía sentirse atraída, no podía evitarlo, cómo si una cierta obsesión se apoderara de ella cuando le tenía cerca.

- Si no es mucho pedirte, ¿podrías quitar tu mano de mi brazo? Me estás haciendo daño. -Comentó con cierto tono de molestia, le tenía demasiado cerca, es más, sabía que la mano izquierda del rubio se posaba en su cintura y le pegaba más y más a él y el vestido que llevaba tampoco es que ayudara demasiado... Y no hablemos de lo único que llevaba el rubio puesto, una simple toalla, lo que hacía que la imaginación de Yulia vagara a su gusto. Ni ella misma sabia cuanto iban a tardar en venir las gemelas de concierto, pero tampoco quería que viniesen en seguida, no quería tener una pelea nocturna con ellas, y más con Dasha, lo que la faltaba después de la mala noche que había tenido. Sabía que su única salvación era Tasha pero ella no iba a venir hasta el día siguiente, por lo que esa opción se la esfumo rápido de la cabeza. ¿Y su padre? Estaba de cena con su mujer, por lo que, a saber a qué hora llegarían, parecía que la noche iba a ser solo de ambos.

No pudo evitar reír ante su comentario, aunque en realidad, ya estaba acostumbrada a sus comentarios, no era la primera ni sería la última vez que un comentario de estos iba a ir dedicado para la rubia. - Que pena que no haya llegado cinco minutos antes.-Musitó mientras una forzada sonrisa salía de sus labios. - Y ahora si ya has acabado de hablar conmigo, me espera mi cama, que es seguro, mil veces más emocionante que tú, Nathaniel.-La rubia sabía que no le gustaba que le llamaran por su nombre completo, y más aposta lo hacía. Apartó ligeramente la mano que tenía en su cintura y dio unos pequeños pasos hacía su habitación. y ahí le dejó en medio del pasillo, a Yulia le encantaba picarle no podía evitarlo, cerró levemente la puerta de su habitación y empezó a quitarse el vestido, cogió un vestido antiguo, que utilizaba para dormir, y se lo colocó, mientras cogía una pieza de fruta que había cogido hacía escasos minutos. Abrió ligeramente la puerta y le observó en silencio. - ¿Es que piensas quedarte ahí todo el día? -Miró al suelo y observó como la prenda interior de la chica que había estado ocn el rubio seguía allí. - Creo que será mejor que cojas eso, hermanito.-Añadió, pero esta vez, en tono de burla.



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Re: A veces la tentación es demasiado peligrosa ▲ Yulia Petrova

Mensaje por Invitado el Lun Mar 18, 2013 7:16 am

A veces la tentación es demasiado peligrosa
Casa Belikov/Petrova - Sábado. 02:26 - Yulia I. Petrova

No tardó en ir detrás de ella para agarrarla del brazo para que no se marchara, pero no entendía proque lo había hecho, la verdad es que pensar en que los dos estaban solos en casa no era demasiado agradable, sobretodo después de lo que había pasado, pero no podía negar lo envidente, y es que esa tensión sexual estaba en el aire, y él podía sentirla. Sabía que ella también podía, pero ninguno de los dos diría nada al respecto, no después de que la relación era cada vez más complicada. Sí, pensaba en ella cada segundo del día, y era casi agobiante, y muy frustrante porque por más que quisiera, no podía quitarsela de la cabeza, y no podía ser así. No podía olvidar lo que había pasado entre ellos, y lo había intentado, y mucho. Daba igual como fuese, si bebiendo, si acostándose con otras cincuenta mujeres, daba igual, porque siempre estaba ella, solo podía ver su rostro, y recordar cada una de sus caricias era una tortura. No habían hablado, pero ¿era necesario? Se habían acostado, punto. Era más sencillo de lo que parecía.

Salió de sus pensamientos al escuchar a la chica. ¿La estaba haciendo daño? No, o por lo menos no de manera intencionada. Apartó su mano, y la lanzó una sonrisa. — Cuidado con la muñeca de porcelana, que puede romperse — comentó, burlándose de ella. Sí, la verdad es que en eso se basaba la relación con su hermanastra, en picarla todo el día, o en pasar completamente de su presencia, pero esta segunda era un poco más complicada después de aquella mañana juntos. Con un rápido vistazo, supo que venía de fiesta, ya que había dejado caer el abrigo y los zapatos en el suelo, y aquel vestido ceñido era causa de algo que celebrar, seguro. Cuando la soltó, pasó una mano por su torso, para quitarse unas cuantas gotas de agua que resbalaban, y era algo molesto. O quizá solamente lo hizo para que la clara mirada de su hermanastra vagara pore se mismo reguero de agua. Sabía que nadie aparecería por allí temprano, por lo menos sus hermanas estaban en un concierto, y su madre había salido a cenar, no sabía que sería de la otra hermanastra, pero supuso que estaría fuera, ya que solía estar casi siempre fuera de casa.


Ambos eran iguales, y eso era lo que más le gusta a Nate de ella, era algo que no podía negar que le gustaba... Contestó a su comentario con un sarcasmo casi parecido al que él había usado, y solamente se molestó en sonreírla, ni siquiera en decirla algo más para quedar por encima, no era necesario, no esa noche. Cuando el rubio iba a darse la vuelta para marcharse, ella habló de nuevo, pero él no escuchó nada, solamente el 'Nathaniel' que la chica había mencionado. Un suspiro salió de sus labios, odiaba que lo llamaran por su nombre entero y ella lo sabía y lo hacía más aposta, causando la furia del chico. Tenía suerte de no encontrarlo en otra situación, o de haber sido ella porque sino... las consecuencias hubiesen sido un tanto complicadas. No le dió tiempo a reaccionar cuando ella se marchó, dejándole allí parado, como un estúpido, aunque no tardó mucho en aparecer de nuevo. Nate solo sonrió mientras se agachaba para recoger la prenda del suelo, y se dio la vuelta, metiendose en su habitación.


Ella le ponía nervioso, demasiado, y era algo que le gustaba más bien poco. Dejó caer la toalla en el suelo, y se puso unos boxers, y unos pantalones largos y bajó al piso de abajo, hasta el despacho del padre de la chica. Su madre le había dicho que podía utilizarlo para estudiar, así que bueno... él hacía un intento de estudiar, pero mientras le saqueaba el minibar a su dulce padrastro. La puerta estaba abierta, así que entró y se sentó en la enorme silla, colocando un poco sus papeles a un lado, y dejando los libros que había cogido sobre ella. Alargó el brazo y cogió un vaso, se echó un poco de hielo, y dejó caer bourbon, algo que le hacía perder el norte. Se llevó el vaso a los labios y bebió un poco mientras contaba los minutos para que apareciera la rubia, porque si quería ducharse, tendría que hacerlo con agua fría. Sí, Nate había gastado toda en un intento de molestar al siguiente que se duchara, que casualidad que se tratara de ella.
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Re: A veces la tentación es demasiado peligrosa ▲ Yulia Petrova

Mensaje por Yulia I. Petrova el Sáb Mar 23, 2013 4:46 pm


A veces la tentación es demasiado peligrosa.
Sábado 02:33 · Casa Belikov-Petrova· Nathaniel A. Belikov ·

Le odiaba, es que le odiaba, odiaba tenerle tan cerca, odiaba su voz, odiaba cada pequeña cosa que le relacionara con él. Pero, ¿realmente era odio? Ni ella misma lo sabía, aunque quería pensar que si, que era mucho mejor odiarle que dejar que sus sentimientos hacía él fueran cada día más y más grandes, no quería ni imaginar aquello. Su relación se basaba en picarse el uno al otro y eso la terminaba desgastando, tampoco era tan difícil llevar una buena relación de hermanastros, ¿no? Quizás no hubiera sido difícil sino hubiera pasado lo que pasó aquel día. Pasó de su comentario y se dirigió de nuevo hacía su habitación, tirandose así en la cama y disfrutando de la soledad, que en ocasiones la gustaba. Últimamente todo había sido demasiado difícil, ¿y qué mejor que un poco de descanso y una ducha? Cierto era que ya se había cambiado pero tampoco la importaba demasiado.

Cogió ropa interior para cambiarse, de nuevo, aquel camisón que utilizaba para dormir y se dirigió hacía la ducha, no había mejor sensación que la del agua caliente cayendo por su cuerpo, pero parecía que aquella noche no la esperaba esa sensación. Cerró la puerta y dejó caer lentamente su ropa sobre el suelo para después entrar a la ducha y cerrar las cortinas a su paso. Abrió con cuidado el grifo y empezó a dejar que el agua cayerá sobre su cuerpo hasta que no pudo evitar soltar un grito. ¿¡Pero quién se creía que era!? ¡Encima la había dejado sin agua caliente! Estaba claro que Nathaniel estaba rozando ya el límite. Parecía que le gustaba dicutir con Yulia, cómo si su mayor diversión se tratará de eso. Bajó lo más rápido que pudo el botón del grifo y salió de la ducha rápidamente, dispuesta a pedirle explicaciones a su querido hermano. Se colocó la toalla, se pusó sus zapatillas de andar por casa y abrió bastante enfadada la puerta del baño.

Sus pasos sonaban en toda la casa y mientras bajaba se limitaba a refunfuñar y mostrar a las paredes de su casa su enfado con el rubio. Dejarla sin agua caliente, ¿qué sería lo próximo? Buscó en la cocina, en el salón, en el cuarto de baño de abajo, en la sala de estar y nada. Solo la quedaba un último sitio por mirar y más le valía no estar ahí pero sí allí se encontraba en el despacho de su padre, ¿pero quién se creía que era? Abrió con cuidado la puerta del despacho y allí estaba mirándola, como sí estuviera esperándola, no podía evitar sentir que la situación le parecía absurda y un poco divertida, ella era así, en ocasiones. - ¿No te valía con fastidiarme la noche sino que también tienes que dejarme sin agua caliente, Belikov? - Sí, cuando la rubia se enfadaba llegaba a llamarle por su apellido, pero ahora le daba igual todo, realmente estaba enfadada. - Me tienes harta, Nathaniel. -Gritó la joven mientras se limitaba a quitarse una zapatilla y tirarséla, podía decirse que a veces sus modales no eran los adecuados, pero la tenía tan harta, que ya no sabía qué hacer. Se acercó con cuidado a él y con cuidado de que no se le cayerá la toalla y recogió su zapatilla, la cual se había quedado encima del escritorio y se apoyó en el y se colocó su zapatilla. - Al menos, merezco una disculpa, ¿no? Sé que lo has hecho aposta.-Musitó aún más enfadada de lo normal, podía decirse que el rubio la agotaba.



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Re: A veces la tentación es demasiado peligrosa ▲ Yulia Petrova

Mensaje por Invitado el Jue Mar 28, 2013 10:13 am

A veces la tentación es demasiado peligrosa
Casa Belikov/Petrova - Sábado. 02:26 - Yulia I. Petrova

Cada vez que estaba a su lado se sentía como un estúpido, como si no pudiera alejarse de ella. Desde el primer día que la había visto se había dado cuenta de que las cosas entre ellos no iban a ir nada bien, y no pasó demasiado cuando lo entendió todo. Después de acostarse con ella las cosas habían cambiado, pero a peor. Quería odiarla con todas sus fuerzas, y se encargaba de intentar olvidarla por todos los medios, pero por mucho que se acostara con un millón de mujeres la rubia seguía apareciendo, como si nada más importara, solamente ella. La observó marcharse a su habitación y volvió a la suya, intentando olvidar el olor de su perfume. Pero sobretodo el tacto de su piel, contra sus manos, y ese vestido que le estaba desquiciando los nervios.

No le dio tiempo a sentarse en el taburete de la cocina cuando escuchó el grito. Provenía del piso de arriba y estaba claro que se trataba de la rubia. Una sonrisa surcó el rostro del chico y agarró una pieza de fruta, mordisqueándola intentando contener la risa. Sabía que no tardaría mucho tiempo en bajar y poner el grito en el cielo, asi que se preparó para lo que venía. Se levantó, agarrando un vaso de uno de los armarios más altos, y virtió un poco de vodka de una botella que estaba sobre la mesa. Se lo llevó a la boca y dejó que el líquido le qumara la garganta.

No tardó en volver al despacho del padre de la chica, ese lugar le gustaba, no podía negarlo, además de que sabía que a ella le ponía de los nervios que entrara allí, así que lo había hecho aposta, por supuesto. Había acabado el agua caliente con el solo propósito de verla enfadada de nuevo, eran demasiadas molestias, lo sabía, pero no podía evitarlo. Cuando la puerta se abrió, él se encontraba sentado en la enorme silla de su padre, y dejó el vaso sobre el escritorio. Soltó una carcajada. — ¿Perdona? No sé de que estas hablando, Yulia — contestó como si no fuera con él la cosa, estaba claro que lo hacía por molestar, por supuesto. Esquivó la zapatilla que le tiraba por los pelos, notando como golpeaba contra la ventana, y luego caía sobre el escritorio. Asintió con la cabeza, levantándose, acercándose un poco más a ella. — Por supuesto, la mereces... — dijo sentándose en el escritorio, enfrente de su rostro, tan cerca que podía sentir su cálido aliento. — Pero no voy a dártela — terminó, con una sonrisa.
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Re: A veces la tentación es demasiado peligrosa ▲ Yulia Petrova

Mensaje por Yulia I. Petrova el Sáb Mar 30, 2013 12:39 pm


A veces la tentación es demasiado peligrosa.
Sábado 02:33 · Casa Belikov-Petrova· Nathaniel A. Belikov ·

Parecía que aquello nunca iba a cambiar, Nathaniel, seguía haciendo de las suyas, seguía fastidiándola con cada cosa que podía, mientras que la rubia se limitaba a seguir aguantando sus reproches hasta que un día iba a estallar y ese día no iba a tardar demasiado en llegar. Ya no sabía cómo tapar todo lo que estaba empezando a sentir por él, estaba claro que desde la primera vez que le vio, se sorprendió, era un joven atractivo, parecía simpático y quizás hubieran podido llevarse a la perfección, pero no. Lo había intentado, de todas la maneras, liándose con cualquier otro chico, acostándose con cualquier otro joven, pero nada, no había manera de olvidar aquella noche que pasaron juntos, ni a él, ni nada y eso la frustraba de una manera que nadie podía llegar a imaginar. Y encima ahora la fastidiaba con el curioso caso del agua caliente, ¿es que acaso nunca se iba a cansar? Parecía que no. Se suponía que por cada una de las suyas que la hacía el rubio debería de haber sido un incentivo para olvidarse de él, pero no, parecía que cada vez que hacía una le gustaba aún mucho más.

- ¿Pero cómo tienes la poca cara de decirme que no sabes de qué te hablo? - El rubio la estaba sacando de quicio, Yulia podía notar como las mejillas se la enrojecían de la mala leche que tenía encima. - ¡Eres odioso! -Comentó mientras le daba un ligero empujón con la mano derecha mientras que con la otra aún seguía sujetando la toalla que llevaba puesta encima, notando como con el leve empujón se quedaba mucho más cerca de él, a escasos centímetros de sus labios, debido a que la rubia se había resbalado ligeramente. - Olvidame, de verdad, no puedo más, siempre estás igual, tus reproches, tus todo... -Gritó casi desesperada mientras se apoyaba en el escritorio y se levantaba, quedándose así, más separada del chico. Sabía que lo acababa de hacer no estaba bien, y quizás podía hacer que Nathaniel se enfadara aún mucho más con ella pero ya nada la importaba, no podía más con sus reproches.


- Y ahora si no te importa tengo cosas más importantes que hacer que seguir aquí contigo, cuando quieras disculparte, ya sabes dónde está mi habitación. -Dio media vuelta y caminó de nuevo escaleras arriba dejando así al rubio en el despacho de su padre, ahora le odiaba muchísimo más que antes, la rubia no se merecía aquel trato que la estaba dando, claro que a veces ella era insoportable con él, pero ya se estaba pasando de la raya. Dejó la ducha para mañana y caminó hacía el baño, para así, recogerlo y dejarlo limpio y fue hasta su cuarto, para así cambiarse y ponerse aquel camisón de tela fina para dormir, no tenía ganas de absolutamente nada más, así que, abrió la cama y se metió en ella quizás esperando que el rubio subiera y la diera una disculpa, pero sabía que eso, era soñar demasiado.



❛Will you love me?❜

—syκes.


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Re: A veces la tentación es demasiado peligrosa ▲ Yulia Petrova

Mensaje por Invitado el Jue Abr 04, 2013 6:02 pm

A veces la tentación es demasiado peligrosa
Casa Belikov/Petrova - Sábado. 02:26 - Yulia I. Petrova

Por más que intentaba quitársela de la cabeza, ella siempre estaba en sus pensamientos, daba igual por lo que fuera, su cabello, su cuerpo, su nombre, el simple hecho de vivir en la misma casa que ella era un problema, pero no podía hacer nada más que aguantarse y lidiar cada día con ello. Su madre quería todo el rato que se comportara de buena manera, pero estaba claro que ella no entendía que era lo que pasaba detrás de esa fachada de tipo duro que mantenía el rubio. ¿Sentía algo por ella? Por supuesto que si, algo le invadía por dentro, y le estaba quemando con fuerza, adentrandose poco a poco en su corazón, invadiendolo. Intentó pensar en otra cosa que no fuera ella, pero no podía, verla allí, delante de él hacía que su cuerpo bombeara sangre con descaro, provocándolo. Era una estupidez, lo sabía, pero ella le hacía sentir diferente, y eso lo odiaba, la intentaba odiar a ella con todas su fuerzas, pero no era posible, y no lo conseguiría nunca.

Estaba enfadandose, podía notarlo en el ambiente, pero el rubio no podía evitar soltar una sonrisa cuando empezó a ver como se le teñian las mejillas de un tono rojado que hubiese divertido a cualquiera. Aquel empujón no hizo nada en él, ni siquiera se movió, y por eso ella se encontraba mucho más cerca; la mirada del rubio estaba posada sobre ella, o quizá sobre la mano que sujetaba la toalla, una parte de él quería quitarsela, pero la otra debía de ser la que pensaba con claridad, porque echarla de aquella habitación era lo más razonable. — Yo también te quiero, rubia — susurró debido a su cercanía, seguramente podía sentir su cálido aliento sobre su boca, y dio gracias por que estuviera callada, aunque algo le decía que no sería por mucho tiempo. Él levantó las manos, como diciendo 'yo no tengo la culpa' y luego se cruzo de brazos al ver como se separaba. — Estás más que olvidada, lo que pasa que te crees el centro del universo — contestó él, subiendo el tono de voz. No había cosa que más odiara que le gritaran, y ella... lo estaba haciendo.

No tuvo tiempo para volver a repricarla cuando vio su espalda alejarse del despacho. No podía hacer nada, estaba claro que pedirla perdón no estaba entre sus planes, pero sentirse como una mierda tampoco lo estaba. Subió las escaleras despacio, escuchando como sus pasos iban de un lado a otro, y cuando sonó la puerta de su habitación Nate ya se encontraba en el pasillo, pensando que hacer. Soltó un suspiro mientras se acercaba hasta la puerta, y posó la mano sobre el pomo, recordando que esa sería la última oportunidad para arrepentirse de aquello, pero no, abrió y se adentró en la habitación. — Bien, tú ganas, lo siento — dijo de pie, apenas podía ver la silueta de la rubia tumbada en la cama, solamente por el reflejo de la luna al hacer contacto con la ventana.
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Re: A veces la tentación es demasiado peligrosa ▲ Yulia Petrova

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