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Quiet midnight (Libre)

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Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Vadim A. Kozlov el Miér Abr 17, 2013 5:55 pm

El clima aquel día había decidido cambiar un poco respecto de aquella semana. Las temperaturas habían bajado nuevamente, y más aún ahora que era de noche. El castaño se encontraba sentado en el medio de la Plaza Roja. Literalmente, en el medio. Desde su posición podía ver a todas las avenidas alejarse en sus respectivas direcciones, y podía también apreciar los antiguos e importantes edificios que se encontraban a sus alrededores.

Vadim estaba sentado en el frío suelo con las piernas cruzadas, en el mismísimo centro de Rusia. La había conocido por primera vez el año anterior, apenas había llegado. Moscow sí que la conocía desde hacía años; recordaba haber participado en varios concursos de interpretación allí, pero siempre era tocar y marcharse. Era en un día parecido aquel, del año anterior, que se había sentado por primera vez a realmente admirar el lugar. Desde entonces, iba siempre que se sentía solitario. Ver a los turistas pasear y sacarse fotografías allí por la noche le servía para animarse un poco.

Vadim tenía dos cafés calientes a su costado. Tomó uno de ellos y lo revolvió suavemente con movimientos de su mano. Sacó su móvil del bolsillo de su abrigo negro, y descubrió que no tenía mensajes nuevos. Probablemente su hermano estaría ocupado a aquella hora. Quizás hasta estaba durmiendo. ¿Cuántas horas eran de diferencia ese día? ¿Cinco? ¿Dos? Vadim ya se había rendido en calcular. Misha estaba todos los días en lugares distintos, y era la razón exacta por la que a él le daban sus pequeñas crisis.

Era el segundo año desde que los gemelos estaban separados. Él había ido a pasar las fiestas con su familia, pero su hermano no había podido por su gira. Siempre habían sido cercanos -lo cual era estupendo, porque de lo contrario probablemente habría sido una maldición la mayor parte de su infancia-, a un nivel que quizás sólo aquellos que tuvieran a un gemelo podrían entender. Todavía no conseguía acostumbrarse a la idea de ser uno solo, luego de haber estado toda su vida pensando por dos. Dos entradas para el cine, dos para los conciertos, dos uniformes.

Y ahora tenía dos cafés con él, y uno intacto en el suelo. - Para no perder la costumbre - Se dijo a sí mismo antes de darle un trago al café que tenía en la mano. Él esperaba que la separación no fuera permanente, porque ya le era difícil mantener el contacto por simples llamadas y mensajes cortos. Casi nunca tenían demasiado tiempo para ello; o Vadim tenía que correr a una clase, o Misha estaba a cinco minutos de salir al escenario. Pero él bien sabía que tenía que comenzar a asumirlo, aunque no quería hacerlo.

Volvió a mirar el café a su lado y se preguntó internamente cuántas personas pensarían que lo habían dejado plantado. Él no se iba a tomar los dos solo, y a decir verdad, tampoco quería que el segundo se perdiera. Ya lo había comprado pensando en su hermano, no tenía sentido dejar que se enfriara allí. Tenía que dejarlo ir. Tomó una bocanada de aire, y llevó por reflejo una de sus manos al costado de su boca, como si aquello fuera a amplificar el sonido - ¡REGALO UN CAPUCCINO! - Exclamó tan fuerte como sus pulmones le dejaron hacerlo, y acto seguido se quedó mirando uno de los faroles cercanos. Ya tendría la oportunidad de comprarle uno a su hermano en algún momento; sólo tendría que ser lo suficientemente paciente para esperarla.



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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Freyja A. Milošević el Miér Abr 17, 2013 6:29 pm

QUIET MIDNIGHT
LA PLAZA ROJA; NOCHE; VADIM

Ella casi nunca salía, menos de noche. Pero aquella vez tenía una razón, una escusa que cumpliría cabalidad. El rostro de ella parecía más pálido de lo normal y su cabello estaba cayendo en una espesa maraña por el rostro, a penas y dándole una visibilidad clara. Sus lentes estaban a punto de caer y parecía estar huyendo de algo - o de alguien - El vaho de su aliento le cortaba la respiración y pronto sus pies no soportaron más y se detuvieron en un trote torpe. Miró hacia atrás y tomó una gran bocanada de aire, recuperando todo el O2 perdido. El rubor comenzó a inundar sus mejillas y presionó sus manos entre sí para entrar en calor. A penas y había salido con una gabardina larga oscura y unos pantalones de mezclilla informales que hacían juego con los zapatos de caña alta y la bufanda que caía en hileras por su cuello. Parecía que iba recuperando todo lo perdido por la carrera y sus ojos empezaron a observar su alrededor. ¿Dónde rayos estaba?. Ella había salido sin saber qué camino tomar, había tomado el primer alimentador y el siguiente tren le había dejado en una de las paradas que ni siquiera tenía planeado llegar. Por un momento, mantuvo la calma, miró a su alrededor. Todo en ruso. Ella podía entenderlo y hablarlo, pero la escritura había sido un tema aparte, en especial desde que sus clases siempre eran netamente en inglés. Freyja dio un paso y luego otro, perdida por completo, sin dinero, sin una bolsa, sólo unos cuantos billetes y sin ningún rastro de sentido de la orientación.

- Di- Disculpe... - Intentó detener a un hombre, pero este a penas y le miró siguiendo de largo. Freyja se quedó quieta, con su mano cayendo suavemente y sus labios suavemente teñidos de morado. Apretó con fuerza su boca en una línea y sus ojos amenazaban con llorarle. Pero se contuvo. Ella encontraría el camino de regreso, en una noche fría donde su estómago clamaba algo caliente para calmar el susto que había pasado por culpa de su hermano, por culpa de ese captor que quería cortarle las alas. Caminó de forma distraída hasta que fue empujada y ella tambaleo; sus lentes cayeron y fueron pisados. La morena miró sus lentes, algo confundida, y frunció su ceño asustada. Perfecto, ella no podía ver sin ellos, y estaba perdida. Nuevamente estaba cayéndose en pedacitos, como una muñeca frágil pegada con cola barata. Sus ojos se llenaron de lágrimas que no caían y que se contenían con esfuerzo y perseverancia.

Un grito hizo que ella girara e hiciera bailar su desordenada melena. Como un pequeño rayo de esperanza, trotó torpemente hacia la figura que estaba sentada en todo el centro. Freyja se detuvo unos pasos lejos y giró sobre sus talones, ¿Qué iba a hacer?. Ella solo preguntaría una dirección, sólo tomaría el capuccino gratis; ¡Gratis!. Pero ¿cómo rayos podría hacerlo?. Ella a penas y podía decir más de dos sílabas con sus compañeros ¿Cómo lo haría con un completo extraño?. Miró el reloj de su muñeca y suspiró. Sus piernas bailaron en angustia y nuevamente giró para luego caminar el poco tramo que le quedaba y pararse firme delante de la figura que era apenas y distinguible. - Yo... - Su voz era baja, pero suave, como un arrullo - Qui-Quiero ese capuccino, por favor... - Musitó, intentando ocultar su rostro tras la bufanda, la cual cubría su boca y su nariz.





Última edición por Freyja A. Milošević el Miér Abr 17, 2013 10:50 pm, editado 1 vez
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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Vadim A. Kozlov el Miér Abr 17, 2013 7:56 pm

El castaño tomó otro trago de su café mientras esperaba. Lo saboreó un poco y se mordió levemente el labio inferior, gesto que indicaba su concentración. Sí, no le habían estafado: El café era de grano, y de buena calidad. El precio le había parecido un poco excesivo en el momento, pero ahora sentía que realmente valía la pena. Alzó la mirada, al parecer nadie vendría por el café. Suspiró resignado, mirando el vaso térmico lleno a su costado. Ahora que lo pensaba, él mismo no aceptaría un café a un extraño. Pero al menos lo había intentado. Le dió otro corto trago al propio, mientras observaba las luces de los diferentes edificios allí reunidos. Era cierto lo que decían: Las ciudades se transforman por la noche. Todo lo que se veía puro y tranquilo a la luz del día, ahora se veía interesante. Inclusive atractivo. Quizás por eso mismo la gente elegía salir cuando el sol se escondía.

El sonido de una carrera corta llegó a sus oídos, y Vadim pensó que algún turista debía de haber trotado para sacarse alguna foto o algo por el estilo. El castaño estaba ocupado mirando una grieta en el suelo, por lo que no se percató de la persona que se le acercaba por la espalda. El silencio se hizo de nuevo, y el castaño ahora miró la hora en su móvil. El metro pasaba durante toda la noche, aunque a intervalos más largos. Daba igual, siempre podía poner cara de malos amigos para espantar a cualquier posible ladrón. Hasta ahora le había funcionado. Guardó su móvil en el bolsillo de su abrigo nuevamente, y se estiró un poco para no acalambrarse. El suelo no era el lugar más cómodo que existía, la verdad.

Y una suave voz sonó a sus espaldas, tan despacio que el castaño creyó que no iba dirigida a él. Giró el rostro con curiosidad, y descubrió a una figura femenina de pie detrás de él. Sus ojos se abrieron con asombro, y se quedó un par de segundos en silencio mientras la observaba. Hablaba tan suavemente que había descolocado al castaño, acostumbrado a la fuerte voz de su maestro y a los bulliciosos pasillos de la universidad. Pestañeó un par de veces para volver en sí. ¿El capuccino? ¿Quería su capuccino? Vadim se puso de pie rápidamente, y se agachó para recoger el segundo vaso - Todo suyo, señorita - Respondió Vadim con confianza y sin una pizca de timidez. El vaso en su mano parecía seguir caliente - Lo compré en esa cafetería de allá; La vendedora dijo que eran espectaculares, y tenía razón - Agregó con una sonrisa mientras extendía el capuccino hacia ella, olvidando por un momento la razón por la cual estaba allí.

El ruso observó tranquilamente a la castaña, notando que tenía el cabello algo desordenado y los ojos con un leve brillo. Él no era muy bueno en notar los detalles y comprenderlos, pero tenía instinto. Y su instinto en ese momento le estaba hablando. Ladeó levemente el rostro y frunció el ceño un poco - ¿Estás bien...? - Le preguntó con duda en su voz, mientras la miraba a los ojos, que era casi lo único que aquella bufanda le dejaba ver.



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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Freyja A. Milošević el Miér Abr 17, 2013 11:20 pm

QUIET MIDNIGHT
LA PLAZA ROJA; NOCHE; VADIM
"No hables con extraños", esa era su regla de oro, esa era el sutra que se había plasmado en cada tramo de su cuerpo. Ella no confiaba, ni siquiera en su sombra. ¿Cómo confiar en un extraño que estaba regalando algo caliente en un clima tan gélido como el de ese momento?. Ella sabía que no debía, ella había estado debatiendo internamente y pronto la victoria fue para el voto de confianza, para la desesperación, para un intento de superar ese miedo hacia los desconocidos, hacia los hombres en general. Ella esperó, con el aire contenido, el cabello de muchacho parecía brillar entre un neón y un platinado, producto de las luces de los faroles. Freyja se preparó en silencio para cuando la voz y el repentino movimiento del muchacho hicieron que ella tambaleara hacia atrás, retrocediendo torpemente al punto de desequilibrar su cuerpo. Su corazón latió con fuerza y ella palideció llevando sus manos hacia la bufando, aferrándose a esta, lista para correr. Sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas y su rostro era de una confusión y miedo totales. Su cabeza dio vueltas justo cuando se recordó respirar, se recordó que no siempre debe estar a la defensiva, y de que todo el infierno lo había dejado en Oslo.

- Gra-gra-gracias... - Tartamudeo, pestañando en un intervalo corto, un pestañeo tras otro. Sus amplios ojos se fijaron en la mano del muchacho y en el objeto. Con lentitud y cierta duda, ella estiró sus manos las cuales estaban frías y algo agarrotadas por toda la adrenalina que le había recorrido, y entonces tomó con cuidado el vaso caliente, intentando no tocar la piel del chico, sin éxito, ya que sus yemas rozaron el dorso de su mano y ella retiró la mano con rapidez, deteniéndose en medio tramo. - Lo siento... estoy... algo fría... - Se disculpó rápidamente, normalmente la gente le malinterpretaba cuando hacía eso, le miraban mal, creían que lo hacía por una obsesión hacia la limpieza, o por simple apatía hacia todo ser humano. Cosa que no era cierto. El miedo y la apatía eran dos cosas diferentes, y ella lo sabía, y con eso era suficiente. Lentamente alzó la mirada y la estrelló contra los orbes de él y sonrió suavemente, algo tensa, y estaba por bajar la mirada, con algo de dificultad porque la mirada del hombre era demasiado intensa, absorbente, tanto que le costaba incluso parpadear. - ¿Estar... bien? ... - Volvió a preguntar, con cierta duda y ella frunció el ceño igualmente, y entonces esbozó una sonrisa divertida y bajó la mirada hacia el café ya tomado. No respondió y con su mano libre bajó la bufanda, dejando ver parte de su blanquecino rostro y sus enrojecidos labios. Y le dio un sorbo al café, dejando que sus papilas se llenaran por el calor y el sabor ligeramente amargo y dulzón del café. Sus mejillas recuperaron algo de color antes de que ella volviese a abrir esos labios sellados con cola barata. - No tengo tanto frío, así que estoy bien, gracias - Respondió, dudosa de ello - Yo... no soy de aquí, así que... - Masculló, lentamente, con un acento marcado en su ruso mascado.



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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Vadim A. Kozlov el Jue Abr 18, 2013 12:45 am

Vadim la miró sin comprender al ver que retrocedía un poco. ¿La había asustado? Bueno, era un desconocido para ella después de todo. En esos momentos sólo él sabía que no le haría ningún daño, que no era una mala persona. Quizás se había volteado demasiado serio: Su madre siempre les decía a los gemelos que parecían militares cuando no sonreían.

El castaño simplemente asintió cuando ella le agradeció, mirándola con curiosidad al ver como pestañeaba y dudaba sobre si recibirlo o no. Él acercó más su mano para que lo tomara, mientras tomaba otro sorbo de su propio café. Sintió el gélido contacto de la mano ajena y soltó una pequeña risa - Nada que ese café no pueda arreglar en un par de minutos - Aseguró algo más animado, por el simple hecho de tener compañía. La mano ajena se alejó rápidamente luego del leve contacto, y Vadim comprendió que estaba nerviosa... o que era tímida. Quizás ambas a la vez. El castaño se distrajo un par de segundos al ver pasar a una persona en bicicleta cerca de ellos, y cuando volvió a centrarse en la chica, le mantuvo la mirada con un semblante más relajado. El castaño no se estresaba con los silencios; eran parte de su día a día en su profesión. Y a decir verdad, era cierto que a veces el silencio dice más que mil palabras.

Vadim asintió suavemente cuando ella repitió la pregunta, observando sus gestos. No era que pudiera notar mucho con aquella bufanda tapando la mitad de su rostro, pero no estaba de más preguntar. A él le gustaría tener una persona al lado si necesitara de ayuda; por lo mismo, siempre que podía ayudaba. Y en este caso, la ayuda se la ofrecía con esa simple pregunta. Se relajó un poco más al ver que ella sonreía levemente, y la miró con mayor curiosidad al ver que bajaba la bufanda para poder beber. A sus ojos, los rasgos de la chica parecían tan delicados como frágiles. Tenía una belleza natural y aquello le dejó una profunda impresión. Deseó haber podido sacar una fotografía para guardarla como recuerdo, pues nada le aseguraba que la vería de nuevo.

Ladeó levemente el rostro al escuchar sus palabras; no parecía muy segura de sus palabras, pero él no iba a presionarla - ¿De dónde eres? ¿Vienes de vacaciones? - Le preguntó con una media sonrisa, antes de darle un sorbo a su café. Hasta el momento no había notado su acento, pero ahora que le hablaba con un poco más de confianza se hacía mucho más evidente. Cambió el peso de una pierna a la otra, mientras metía su mano libre al bolsillo de su abrigo. - Yo tampoco soy de acá, vivo en una ciudad más al norte, pero me vine a estudiar aquí el año pasado - Agregó el castaño, en un intento quizás de que ella le conociera un poco más. Así no sería un simple extraño que le regaló un café.

Pero acababa de olvidar algo bastante importante.

- Soy Vadim, por cierto. Vadim Kozlov - Se presentó apresuradamente al haberlo olvidado - Puedes decirme Vad si quieres. O Vadik. - Agregó, sobresaltándose al sentir una alarma de su móvil dispararse. Lo sacó de su bolsillo rápidamente para detenerla y observó la hora - Dos horas más hasta que tenga que ir a estudiar - Explicó con una sonrisa mientras guardaba el móvil nuevamente - Que útil que el metro funcione toda la noche. En mi ciudad funcionaba hasta las 11:00 pm nada más - Comentó antes de darle otro trago al café.



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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Freyja A. Milošević el Jue Abr 18, 2013 11:45 am

QUIET MIDNIGHT
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No parecía... una mala persona. O al menos, eso estaba empezando a creer la morena. Desde el incidente del secuestre, lo de su padre y lo de su hermano, ella había puesto sobre sí una barrera contra todos, contra cada ser sobre la tierra que al más mínimo movimiento de hacerle daño, ella reaccionaría olvidando, huyendo. Tal vez por ello, Freyja no se arriesgaba, no lograba abrirse a nadie por miedo a que la dejen más destrozada de lo que ya estaba, su voluntad a penas y la mantenía cuerda, entonces ¿Cuánto daño no le harían de traicionarla?. Eso le asustaba, le aterraba tanto como estar parada en una torre de ocho pisos. Pero al menos parecía que con ese joven, ella no tendría que sentir miedo, o al menos, solo tendía que mantener sus sentidos alertas y no bajar la guardia. No podía darse el lujo de sufrir, porque no serviría de nada. "Las lágrimas no borran lo dolido".

- Soy... - Pensó antes de que su boca se alejara abruptamente del bordillo del vaso y ella mordiese su labio inferior mientras su lengua intentaba calmar el ardor en el interior de su boca. Se había quemado. - Lo siento... creo que mi lengua quería algo de calor... pero no tanto... - Dijo tímidamente, intentando bromear torpemente, sin mucho éxito desde que su voz era tan baja y pareciera como si estuviese a punto de llorar. Se tomó su tiempo para poder controlar el leve dolor y suspiró resignada a mostrar un lado torpe que lo espantaría de seguro. Aún así, cuando intentó articular palabra, él empezó más animado, más alegre, más brillante. Él era el tipo de persona totalmente opuesto a la morena, y eso empezaba a intimidarle puesto que no sabría como llevarle el ritmo. Freyja solo debería dar las gracias y darse la vuelta. Pero no podía, era demasiado absorbente y ciertamente interesante como una persona podría hablar tan rápido y tan abiertamente con un completo extraño. Le daba, cierta gracia. Y entonces ella lo miró con asombro y sonrió hasta que pequeñas risas ocultas tras su mano libre dejaron que ella se relajase. - Hablas... demasiado rápido - Comentó entre risas contenidas - Soy de Oslo, Noruega pero estoy acá para estudios - Le respondió rápidamente, intentando alzar un poco más la voz, pero solo consiguió un decibel más de lo normal. Sus labios parecían siempre estar temblando, pero era porque nunca alcanzaba a decir las cosas que quería ya que era interrumpida o porque le costaba tanto hacerlo. Aún así, Frey grabó en su mente la pronunciación del nombre y sopesó la idea de presentarse también. ¿Verdad? ¿mentira?. - Sr. V, suena mejor, aunque Vadik también es sencillo... - Indecisa hasta para eso. Sus ojos estaban fijos en el humo moribundo del café, mirando el reflejo de las luces sobre la superficie oscura del líquido, poco a poco su cuerpo iba entrando en calor, pero le había tomado por sorpresa lo del metro, y ella recordó la misión principal de estar allí, tomando café con un desconocido. Sus ojos se abrieron ampliamente y pareciera un brillo lunar se reflejaba en sus pupilas, ella entreabrió sus labios entre leves balbuceos hasta que por fin pudo sentir como las palabras fluían - ¿Sa-sabes cómo coger el metro? - Una pregunta tonta, pero tenía que estar segura - Yo... necesito ir a un lugar pero... no conozco la ciudad y... - Explicó sintiendo como se le llenaban de lágrimas los ojos, pero parpadeo intentando contenerlas. Si no conocía la ciudad ¿como había llegado allí?. Muchos se preguntarían, incluso ella misma no sabía cuántos transbordos había hecho desde los dormitorios hasta allá y aún así, ella sólo debía preguntar las instrucciones, nada más, no tendría que darle explicaciones, y aunque ya técnicamente no era un desconocido, no tenía porque darle más detalles, pero ella siguió - Me he... perdido... - Confesó sonrojada por su atrevimiento, por la rabia de sentirse inútil y dependiente de alguien, y por ese dolor bullente a causa de su hermano, a causa de su obsesión hacia ella, de su afán por dejarle sin una pluma y encerrarle en una jaula de oro. Ella se contuvo, y seguiría haciéndolo hasta que se quebrara, pero ese no era el momento, no frente a él. Y en ese momento ni siquiera se había dado cuenta que no había dicho su nombre.



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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Vadim A. Kozlov el Jue Abr 18, 2013 2:46 pm

Rió con su broma sobre el café y movió sus labios, diciéndole de manera muda que tuviera cuidado. - ¿En serio? Oh, tienes razón - Respondió a su comentario sobre su manera de hablar. A decir verdad, él no lo había notado, pero quizás era cierto. El castaño tendía a simplemente soltar lo que estaba pensando, y su mente era bastante rápida en ese sentido. Escuchó sus siguientes palabras y se sorprendió. Oslo, vaya, así que también era estudiante. Estar lejos de la familia en un país extraño seguramente no era nada de fácil. Más aún con el idioma: Leer los libros en un idioma que no era el natal era complicado. El castaño conocía cosas básicas de otros idiomas porque su carrera lo exigía; la mayoría de las anotaciones venían en italiano y a veces incluso en francés. Pero de ahí a leer libros completos en otro idioma...

Notó que los labios ajenos parecían temblar cada vez que hablaba, y Vadim pensó que quizás todavía le tenía miedo. ¿Qué podía hacer él para demostrarle que él era, quizás, la persona más segura con la que se podría haber encontrado un día de semana en la medianoche? Sólo una cosa. Tenía que hablar él primero, y darse a conocer para que se diera cuenta que él no ocultaba nada. Y eso era exactamente lo que iba a hacer. - ¿Señor V? ¿Señor? - El castaño fingió que le llegaba una flecha al pecho y retrocedió dos pasos, como si ella le hubiese herido con aquellas palabras, aunque su rostro estaba con una sonrisa de oreja a oreja - Tengo 20 años, soy demasiado joven para que me digan señor - Comentó entre risas mientras volvía a acercarse. Y al parecer su comentario del metro dió en el blanco con ella, aunque él no comprendía porqué. La escuchó balbucear y esperó tranquilamente a que ordenara sus ideas, mientras tomaba uno de los últimos sorbos que le quedaban del café.

Asintió ante su pregunta, aún con el vaso entre los labios - De hecho, la estación está a una cuadra de aquí - Agregó señalando con la mano del café la dirección correcta. La escuchó atentamente, observando cómo los ojos ajenos parecían brillar un poco más de lo normal. ¿Eran lágrimas contenidas esas? Vadim abrió los labios para decir algo, pero se calló enseguida. ¿Estaba perdida? ¿Era esa la verdadera razón por la cual se veía asustada? Él la entendió, y de hecho llegó a pensar que quizás era cosa del destino el que hubiese decidido ir a esa hora específica a sentarse en aquella plaza. Vadim creía sinceramente en que a veces uno debía estar en ciertos lugares, en los momentos indicados, para que algo importante -y que quizás uno no comprendiera en ese momento- ocurriera. Quizás él tenía que ayudarla, y eso era exactamente lo que iba a hacer.

- Yo tengo que tomar el metro para ir a la Universidad Krovgrekh, puedo acompañarte a donde quieres ir, no es problema - Le ofreció con una cálida sonrisa, mientras retrocedía un paso y sacaba su tarjeta de metro desde el interior de su billetera. La miró tranquilamente - Te voy a ser sincero, normalmente no es buena idea aceptar ayuda de extraños a estas horas de la noche. Pero yo no soy una mala persona; soy un pianista honrado que compró un café extra para su hermano, que no está en el país actualmente. Una costumbre mía desde siempre. Me alegra que lo hayas aceptado, porque si no se estaría enfriando y yo con dos cafés, creo que hablo tres veces más rápido - Sonrió divertido ante lo último que había dicho. - Puedes confiar en mí - Le aseguró con una cálida sonrisa. Vadim sólo podía ofrecerle su ayuda.

Era ella quien debía decidir si aceptarla o no.



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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Freyja A. Milošević el Jue Abr 18, 2013 3:25 pm

QUIET MIDNIGHT
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Ella parecía una muñeca a simple vista, demasiado frágil, demasiado ingenua, demasiado insegura de todo lo que le rodease. Pero no era así. Ella tal vez fuese alguien temerosa; como un conejo en medio de una jungla; pero también sabía que tenía puntos fuertes: como su perseverancia y la voluntad de hacer las cosas de la mejor manera. Tal vez por eso es que intentaba hacerse entender, intentaba no ser malinterpretada y de alguna manera, tratar de mostrarse agradable, aunque por dentro tuviese dudas, ya que ella había pasado tanto que su mentalidad estaba quebrada, como toda ella. Iba aprendiendo, poco a poco. Freyja, quien siempre pasaba de las personas, estaba intentando hacer una conexión con ese muchacho de sonrisa radiante. Era imposible no fascinarse o embelesarse con una persona tan extrovertida y caótica como lo era "el Sr. V". La morena intentó contener una sonrisa, sin éxito alguno. La información iba almacenándose en su mente, Vadim Kozlov, estudiante ruso, veinte años, menor que ella y lo más importante: Iban a la misma universidad.

Freyja de pequeña, creía en el destino. Se había resignado a que la gente la lastimase, la usase, la botase, la rompiese, todo porque así estaba escrito, porque ese debía ser su papel en la vida. Pero se rebeló, se enclaustró en una mujer determinada pero frágil. Se encerró en una caja transparente y siguió su curso extendiendo sus alas. Ella labraría su propio destino y no creería en él, ni en las coincidencias, ni en nada por el estilo. La vida le había enseñado que la crueldad era el pan de cada día y que ella debería enfrentarlo, o huir. Huir se le daba bien, entonces... ¿porqué estaba tan feliz de que en ese momento, el muchacho estuviese allí?. Ella no había hecho nada para que él estuviese en esa plaza, a esa hora, ella solo... caminó hacia él. Y todos los engranajes giraron. En ese momento ella recordó la historia del "hilo rojo", y rió por lo tonto que debía sonar eso en voz alta. - Yo... lo sé. - Respondió después del consejo, de la explicación, del voto de confianza. La mano de Freyja sostenía con fuerza el vaso a medio tomar pero sus expresivos ojos estaban enfocados en el rostro del muchacho, y entonces sonrió. Sonrió como hace mucho no lo hacía. Los hoyuelos que nunca aparecían allí estaban, y ella sólo podía dejar ver la fascinación y el agradecimiento que le recorrió el cuerpo. ¿Podía creer en él? ¿Porqué su voz se escuchaba tan sincera al igual que sus palabras? ¿Dónde estaba una persona así cuando ella era tan solo una niña?. Las preguntas le abombaron haciendo que las piernas de la morena colapsaran y entonces ella se dejase caer por la gravedad y la debilidad. El café cayó lejos y ella quedó sentada sobre sus piernas dobladas. La gente pronto volteó a ella mientras caminaban y seguían su rumbo, sólo observando, como ella siempre lo hacía. Nunca haciendo nada, solo... siguiendo el curso de sus vidas, sin darse cuenta de que siempre había algo más allá del aleteo de una mariposa. - Ah... - Su melena había cubierto todo su rostro y entonces ella pasó su mano por cada hebra y mandó toda la maraña hacia atrás, dejando ver su rostro, sonriente y sollozo - Realmente, realmente... eres una buena persona - Dijo sonriendo aún cuando mordiía su labio inferior y bajaba la mirada intentando ponerse de pie, con cierta dificultad - Estaba tan asustada, tan asustada que cuando haz dicho todo eso, me he relajado y he perdido todas las fuerzas... - Explicó sonrojada.





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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Vadim A. Kozlov el Jue Abr 18, 2013 4:18 pm

El castaño la miró tranquilamente, tratando de adivinar qué pensamiento pasaban por su mente en aquel momento, claramente sin conseguirlo. Y entonces sonrió. Por primera vez sonrió de verdad, con los hoyuelos marcados en las mejillas y una mirada que él no comprendió por completo, pero que sí le dejaba algo claro. Acababa de aceptar su ayuda, lo que significaba que había decidido confiar en un extraño como él. Le sonrió de vuelta, terminándose lo que le quedaba del café sin apartar la vista de ella. Él mismo estaba contento, porque a decir verdad, no habría podido dormir tranquilo aquella noche sabiendo que la había dejado allí sola y perdida.

Vadim soltó su vaso vacío al ver que ella se derrumbaba en el piso, y corrió hasta ella. Se arrodilló frente a ella y puso su mano sobre el brazo ajeno mientras la observaba con preocupación. Él bien sabía que cualquier otra persona quizás simplemente habría agradecido y le habría seguido. Pero ella, al parecer, no era cualquier persona. Sentía como si ella estuviese cargando, en aquellos mismos instantes, un peso más grande que el que debería llevar encima. Un peso que el desconocía y del que quizás nunca se enteraría. Pero un gesto de amabilidad era gratis, y a veces algo tan pequeño podía causar grandes cambios.

Miró en silencio como alejaba su cabello del rostro, y la observó sonriendo. Sintió alivio al verla así, y la dejó sollozar - Lo soy, y no soy el único. Probablemente hay muchas más personas buenas que malas. El problema es que las malas hacen mucho más ruido - Respondió mientras le acariciaba levemente el brazo y la ayudaba a incorporarse cuando ella lo intentó por su cuenta. Asintió a sus palabras - Bueno, ya no tienes porqué estar asustada. No sé a donde tienes que ir, pero si nos perdemos en el camino vamos a ser dos y no uno. De a dos siempre es más entretenido - Agregó mientras le entregaba a ella su tarjeta de metro. El castaño no tenía que pagar extra, pues tenía una cuota mensual por la cual podía utilizar los medios de transporte ilimitadamente. Mucho más cómodo y se ahorraba dinero en pasajes.

El castaño recogió los vasos vacíos de café para botarlos de camino, y le indicó que se pusieran en marcha con un suave ademán de cabeza - Vamos, que la noche es joven y tenemos toda una aventura por delante - Le sonrió, y acto seguido se dio cuenta de un detalle importante que había pasado por alto. La señaló divertido con el índice, y ladeó levemente el rostro - Todavía no me has dicho tu nombre - Le recordó mientras caminaba de espaldas para mirarla sonriente.



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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Freyja A. Milošević el Jue Abr 18, 2013 5:40 pm

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Era extraño. De repente todo parecía tener un color más brillante. O al menos, eso pensó torpemente Freyja, la diosa del amor hecha mujer. Aún así, no se puede tentar a la suerte, los leves cambios eran imperceptibles pero grandes de muchas formas, y aún así, no había que apresurar la carrera. Ella no superaría su miedo de la noche a la mañana y dudaba incluso que el tiempo fuese el mejor remedio. Aún así, aunque sea un poco, ella se llenó de confianza y le entregó un pedazo al desconocido. - E-estoy bien. - Dijo rápidamente, tartamudeando e incómoda por el contacto de la mano del muchacho contra su brazo. Ella no estaba acostumbrada a que la toquen, y es más, no le gustaba que lo hicieran y menos sin su consentimiento, por eso evitaba cualquier lugar donde haya tumultos o abarrotado de gente.

Freyja parecía divertida por las palabras del ruso, era como escuchar a un sabio de un cuento, como si él viese las cosas desde otra perspectiva, como si fuese de un mundo demasiado brillante para alguien algo lúgubre como blancanieves. - Creo que tienes... razón, aunque es difícil creerlo de un momento a otro - Se denfedió intentando evitar la mueca de molestia, pero aún así, no pudo esconderlo así que con su mano libre, posó torpemente sobre el dorso de la masculina del muchacho y la empujó con suavidad. - Por algún motivo, parece que fuéramos por el camino a Oz, o algo por el estilo - Rió, suavemente. Sintió que podía mantenerse de pie con facilidad, pero fue precavida al erguirse. Sacudió la parte trasera de su gabardina y la parte visible de su pantalón. Revisó que no hubiese ningún raspón y su atención se fijó en la tarjeta del metro. Ella había olvidado que no cargaba la suya, y tan solo tenía algo de efectivo que no sabría si le alcanzaría. Dudó por un momento seguir pero sus pies parecían no escuchar a su cabeza. Le siguió torpemente, como una cría nerviosa en una cita a ciegas, era demasiado extraño, y por ende, ella iba unos pasos detrás de él, intentando mantener una distancia prudente. Las mejillas de la morena estaban ruborizadas y sus labios intentaban dejar salir un "no tengo dinero par ala metro". Pero no podía, no cuando él había sido demasiado amable. Comenzaba a sopesar la idea de perderse en la multitud para cuando la volvió a tomar por sorpresa y ella detuvo su camino. - ¡Fre-Freyja! - Alzó su voz, asustada, como un inocente soldado debilucho recibiendo una orden. Pareciera que al rededor las personas la observaban y se reían de ella, tal vez porque pensaran que era torpe, o porque pensaran que se veía adorable con su menuda talla y sus mejillas contrastando con lo pálido de su piel.





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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Vadim A. Kozlov el Jue Abr 18, 2013 6:51 pm

El castaño la miró con curiosidad - Claro que es difícil de creer, pero vas a ver con el tiempo que es cierto - Respondió con confianza, antes de bajar la mirada hacia la mano ajena que se había posado sobre la suya. Retiró la mano cuando ella comenzó a empujarla con cuidado y bajó la mirada un momento. Él no entendía muchas veces el que la gente se molestara por el contacto físico; el castaño acostumbraba a ser bastante cercano con aquellos que le rodeaban. No era anormal verle caminar del brazo con alguna amiga, o del hombro con algún amigo. Pero si a ella le incomodaba, él le daría su espacio.

- ¿A Oz? Y podemos aprovechar de ir a Narnia y a todos los otros mundos distintos que existen en Narnia. Las posibilidades son infinitas - Agregó sonriente mientras caminaba. El castaño había notado que ella iba un par de pasos más atrás de él, así que se aseguró de verla de reojo. No quería que se le perdiera entre las personas, porque encontrarla de nuevo sería complicado. Se llevó las manos a los bolsillos de su abrigo, y se sobresaltó un poco al escuchar su nombre. Volvió a girar el rostro entre risas - ¿Freyja? Lindo nombre. Eres la primera Freyja que conozco - Le dijo sonriente, observando las mejillas de la chica. Miró a las personas que se reían de la escena, y les sonrió de vuelta. Al castaño le daba igual lo que pensaran; él de por sí, vivía en su propio mundo. - Ven, la entrada está ahí - Anunció señalando un cartel que decía 'Metro en ruso. El castaño se acercó al trote al primer escalón, y aprovechó de explicarle cómo se llamaba aquella estación y qué líneas llegaban allí.

Vadim se encontraba de excelente humor en aquellos momentos, a diferencia de como estaba cuando había decidido sentarse en la plaza. Con ella se había distraído totalmente de sus propios problemas personales, y se lo agradecía. Bajó las escaleras animadamente, con una mano en la barandilla y confiando ciegamente en que ella le seguía. Vadim sabía que ella no le robaría, y esa era la razón exacta por la que le había entregado su tarjeta de metro. Él creía en que ella no le dejaría botado allí.

El ruso, por su parte, hablaba y hablaba acerca de la variedad de cosas que se podían hacer en Moscow, desde los picnics en los parques hasta las pistas de patinaje en hielo. Vadim se detuvo frente a la máquina que revisaba las tarjetas - Y en caso de que no lo supieras, donde estábamos parados en la plaza para tomar café, era el centro exacto de toda Rusia. Sí, lo descubrí en wikipedia - Y sólo entonces, el castaño giró sobre sus talones para ver si Freyja le seguía, porque era ella quien debía pasar la tarjeta por la máquina.



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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Freyja A. Milošević el Jue Abr 18, 2013 7:15 pm

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Como un libro abierto, así era ella. Freyja era demasiado fácil de leer, su rostro lo demostraba aunque no quisiera, pero muchas veces, podía ser confundida, malinterpretada. Aún así, su rostro parecía más relajado y sorprendido cuando lo escuchaba, tal vez porque le daba ese aire de pureza que no había aspirado nunca. Después de todo, ella era una flor crecida en medio de tanta porquería, creciendo, floreciendo con su propio esfuerzo y vitalidad. A pesar de que él parecía demasiado enérgico, la morena no pudo evitar preguntarse si habría algo que le molestase, o si habría algo que le lastimase al ser radiante que le hablaba. ¿Alguien osaría lastimarlo? ¿Porqué?, se preguntaba mentalmente, intentando mantener contacto tanto en su fuero interno como en el exterior. - Eres el primer Vadim que conozco, estamos a mano - Respondió entre risas nerviosas, dioses, su sonrisa era contagiosa. Entre tanta vergüenza y risas ella continuó sus pasos enredados y trató de alinearse a su lado, al menos así podría ganar fuerzas y decirle aquello que le estaba incomodando. Y aún así, sus pasos eran más cortos y lentos que los de él. Memorizó las indicaciones del castaño y se privó de tomar nota desde que no cargaba nada en qué anotar, así que optó por su buena memoria, aunque temía que su sentido de orientación le jugase una mala pasada. - Oh, tengo... una pequeña duda... - Dijo vagamente pero su voz no le alcanzó, él seguía hablando, pero ella a penas y podía entender lo que su perfecto ruso le decía, pese a que había comprendido lo esencial: parada, transbordo, plaza, picnic. Todo perfecto, al menos, en su mente puesto que si él le llegase a preguntar, era seguro que no sabría como explicarlo con palabras. Ella se detuvo detrás de él justo cuando se detuvo. En las pequeñas manos tenía la tarjeta del metro, sosteniéndolo como si fuese algo demasiado valioso como para llevarlo a la ligera. - ¿El centro? Nunca había estado allí, es más, conozco pocos lares de esta ciudad... - Confesó, mirando atentamente la tarjeta y tomó una bocanada de aire apretando con fuerza la tarjeta y mordió su labio inferior, lista para decirle lo importante. - Yo... - Alzó la mirada, determinada, su voz a penas y sonó algo audible - No puedo subir contigo... - Sonrió suavemente y extendió sus frías manos hacia él. - No tengo efectivo, ni tarjeta... y sería un abuso de mi parte aprovecharme de tu amabilidad - Su acento nórdico asomó suave, como una caricia en la superficie de su piel.





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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Vadim A. Kozlov el Jue Abr 18, 2013 7:56 pm

El castaño sintió algo de alivio al ver que seguía detrás de él. Bien, todo iba bien hasta ahora. - Bueno, por el metro puedes llegar a todos lados. O casi todos. Puedes venir de día, así si te pierdes, tienes más tiempo para encontrar el camino - Comentó divertido, mientras se apoyaba con el cuerpo en la máquina - Las damas primero - Dijo mientras observaba cómo ella se concentraba en su tarjeta. Alzó una ceja confundido. La estaba apretando bastante... ¿Acaso había algún problema? Quizás había hablado muy rápido. La miró con curiosidad al ver la decisión que su rostro mostraba. Ladeó levemente el rostro sin entender. ¿Que no podía subir con él?

Una sonrisa comenzó a formarse en su rostro de nuevo, mientras veía aquellas dos pálidas manos acercarse a él, ofreciendo de vuelta su tarjeta - Y sería descortés de mi parte dejarte aquí botada, sola en medio de la noche. Mi padre me enseñó que a las mujeres hay que tratarlas bien, porque de ellas nacemos todos. Y yo te quiero ayudar - Respondió el castaño con total naturalidad, aunque aquel argumento era sólo parte de la razón por la cual no le importaba que ella utilizara su tarjeta. Vadim estiró la mano para recibir la tarjeta, y la pasó por el sensor. Un pitido agudo se escuchó, y el castaño se incorporó. Puso su mano en la espalda de la castaña, y la empujó gentilmente para que pasara las dos puertas transparentes que acababan de abrirse. Él pasó la tarjeta nuevamente y atravesó las puertas también.

Se detuvo a un costado de la castaña, estirando los brazos - Mi tarjeta es ilimitada. Pago una cantidad fija todos los meses, porque ocupo bastante el metro. No me cobran por cada pasaje, así que mientras más la use, mejor. - Le sonrió ampliamente, devolviendo la tarjeta a sus manos - Pero si tuviera que pagar por un pasaje extra, lo habría hecho de todas formas. No te preocupes - Le aseguró mientras se acercaba al enorme mapa que mostraba todas las líneas. Estiró su brazo derecho y señaló una de las estaciones - Mira, estamos aquí. Yo tengo que ir... acá... - Deslizó el índice por el mapa, y se detuvo en una estación de una línea distinta - Así que tengo que cambiarde metro en ésta estación - Señaló un punto algo más grande, en donde se juntaban los colores de ambas líneas. Dirigió su celeste mirada hacia los ojos de Freyja - A todo esto, cuando haces algo por primera vez, tienes que pedir un deseo. Y soy el primer Vadim que conoces, y hoy estuviste en el medio de Rusia por primera vez, así que tienes dos deseos por pedir, y yo uno - Le sonrió.

Vadim volvió a mirar el mapa, mientras pensaba en qué podía pedir, por ser la primera Freyja que conocía. Frunció el ceño levemente y se mordió el labio inferior, concentrándose. Luego cerró los ojos. Quiero que venga a verme a algún concierto Y luego de terminar de pedir su deseo volvió a abrir los ojos. ¿La razón por la que había pedido aquello? Bueno, ya que le estaba mostrando algo de Rusia -aunque aquello no hubiese sido planeado-, quería mostrarle algo importante de su país. Las escuelas musicales de allí eran de las mejores en todo el mundo. - ¿A qué parte vas tú? - Le preguntó mientras se acercaba al mapa para mirarlo con más detalle.



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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Freyja A. Milošević el Jue Abr 18, 2013 10:46 pm

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Una punzada le perforó imaginariamente el pecho. Su padre parecía ser una buena persona, totalmente el contrario de lo que su progenitor había mostrado cuando estaba vivo, aún así, ella agradeció que Vadim hubiese sido educado por un buen hombre y no hubiese tenido que sufrir la amargura de una decepción paterna. Ella no entendía porqué el muchacho sonreía o porqué tanta amabilidad, aún así, ella estaba reacia a abusar más de su amabilidad, en especial cuando su estómago emitió un rugido que le hizo ruborizar. Había salido corriendo y no había probado bocado desde la tarde. - Eres realmente, una buena persona - Dijo, sonriendo cálida y tímida, últimamente era el cumplido que mejor le quedaba al castaño. Pero aún así, no lo aceptaría, o al menos, ese era el plan maestro, ese plan que se vio destruido cuando la tomó por sorpresa y ella lo miró justo en el momento en que fue empujada con cuidado hacia el interior. Tambaleó y avanzó unos pasos antes de girar sobre sus talones mirando al chico ingresar, Freyja estaba anonadada, las palabras no salían más que como murmullos a medio comer, el rostro de ella debería dar tanta gracia que él de seguro se reiría al verla tan descolocada. - ¡Tú...! - Jamás era informal con nadie, nunca lo había sido, pero esa vez, no sabía qué decir más que eso, las palabras se atragantaron en sus labios y ella apretó su boca y frunció el ceño dándole un aspecto ciertamente adorable o algo infantil, el mismo que ella no quería y del cual no se daba cuenta que tenía. Era difícil que ella se enfadara o se disgustara por algo, más que por el tacto que era tan solo una mera incomodidad. En ese momento estaba indignada y a la vez fascinada, sólo que no lo dejaría notar, al menos, intentaría no hacerlo. - Yo no quería... - ser una molestia, y no pudo terminar su frase, como siempre, ya que él siempre la cogía desprevenida y hacía que se sonrojara por la pena y vergüenza de ser tan inútil. Incluso no pudo protestar cuando la tarjeta volvió automáticamente a sus manos, como si ella fuese la única dueña. Ella tendría que aprender a no dejarse llevar por la simpleza del muchacho o terminaría por estrellarse quien sabe donde.

Sus ojos se deslizaron siguiendo los largos dedos de Vadim ¿era pianista?, tenía unas manos bonitas, ¿qué pensaría él si le dijese que ella tocaba también el piano? Aunque claro, no lo hacía profesionalmente. Por supuesto que no se lo diría, porque era un secreto, totalmente oculto como mucho de ella, Freyja no podría decirle que compartían intereses en común, porque eso le obligaría a conversar de ello y la morena no se sentía capacitada para ello aunque en el pasado hubiese recibido una invitación para Berklee y rechazado rotundamente. Lo suyo era la literatura, los libros, la música era su medio de escape, no su forma de vida. El rostro de Frey se mostró curioso ante la superstición y rió dejando que cualquier rastro de frustración desapareciese. ¿Un deseo?. - Yo no creo en esas cosas - Dijo frunciendo levemente el ceño, pero suavisó su expresión con sonrisa ladina - Pero puedo intentarlo... ¿Qué debería pedir?... - Pensó en voz alta, sopesando seriamente en ello, como una niña la cual creería ciegamente en el hada de los dientes. - No tengo nada que pedir, me lo has concedido todo por el momento - Rió satisfecha, casi en voz baja. ¿Qué debería pedir? ¿Y si realmente se cumplían? En su mente empezaba a imaginar lo que Vadim quisiera ¿y si pedía que fuese un pianista famoso? -si es que ya no lo era - ¿Tal vez otro café?. La mente de ella daba vueltas con tantas alternativas que la pregunta le había tomado por sorpresa. La morena miró el mapa y luego a él. ¿Debería decirle que irían a la misma parada?.

- Eh... yo me quedo una estación después de la tuya - Dijo rápidamente, nerviosa por haber mentido, era seguro que se decepcionaría que alguien como ella estudiase en su misma universidad ¿o qué más daba? Nunca lo había visto antes ¿porqué debería verlo ahora?. No tenía un porqué, non tenía un para qué, entonces tal vez sólo debería bajarse en la estación que dijo y después regresar. Sí, eso haría - Oh, quería... decirte algo... - Evitó el tema, seria - Extrañas a tu hermano... ¿no es así?... yo... si quieres... puedo invitarte ummm lo que quieras que me alcance con el poco efectivo que tengo así que... puedes imaginar que por hoy... estás con él... ese sería... uno de mis deseos... - Musitó con la mirada fija en el nudo que se hacían sus dedos por los nervios.

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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Vadim A. Kozlov el Vie Abr 19, 2013 12:04 am

Ese ¡Tú le sacó una risa al castaño, y como respuesta alzó ambos brazos en el aire mientra le respondía con un ¡Yo divertido. Por una parte, era bueno que él fuera tan distinto de ell., Estaba más que claro que el castaño era capaz de amarrarse a una cuerda y lanzarse por un precipicio si es que pensaba que aquello era interesante. Él no se hacía problemas, trataba de vivir de la manera más simple posible. ¿Porqué? No porque fuese una persona descuidada. Simplemente por el hecho de no tener que crearse problemas innecesarios. Ya estaba bastante complicado por la separación entre él y su hermano; su constante pelea por controlar su necesidad de tener todo limpio y perfecto a su alrededor generalmente terminaba con él, nuevamente, angustiado por no conseguir que todo estuviese perfecto.

Pero también para poder aguantar la presión de su profesión. El castaño soportaba duras críticas a diario, horas y horas de ensayo sin parar, poco descanso, actuaciones y la presión de su propio apellido. Los gemelos tenían una reputación, un nombre que se habían forjado con bastante esfuerzo durante todos aquellos años. Un simple error en un concierto podía arruinar todo aquello. Vadim se negaba a agregar más complicaciones, como qué ropa ponerse o a dónde ir aquella tarde. Él tenía sus pocas pertenencias ordenadas a la perfección en su dormitorio; dos fotografías en su pared -una con su hermano y un par de amigos, la otra de sus padres-, su ropa clasificada en el armario, las montañas de libros de partituras en sus estanterías. Poco más que eso era lo que tenía y necesitaba. Después de todo, él se pasaba casi todo el día fuera; utilizaba su habitación para dormir solamente. Para él, aquella filosofía de vida funcionaba -o eso quería creer-, pero a veces podía ser un poco extremista.

Aquella salida a la medianoche era el tiempo libre que había tenido aquel día.

Escuchó su siguiente protesta, pero el castaño la ignoró con una sonrisa. Él sabía que ella no había querido entrar para no hacerle pagar, pero él había insistido y lo seguiría haciendo. Ya había decidido que la llevaría sana y salva hasta su destino, y no se iba a echar para atrás ahora.

El castaño volteó el rostro hacia ella sorprendido. ¿Cómo era posible que no creyera en los deseos? Bueno, ahora que lo pensaba, quizás no creía en su superstición. Pero no perdía nada con intentarlo. Él sí que creía en aquella superstición, y jamás olvidaba llevarla a cabo. Para él, el mundo era mucho más mágico con deseos cumpliéndose de por medio. Y por lo mismo, se alegró cuando ella al final decidió intentarlo. - Si no tienes nada que pedir, puedes guardarlo para después - Vadim estaba encantado por lo que había dicho, y su rostro lo mostraba claramente. Siguió mirando el mapa.

- ¿Una estación después? Ok, no hay problema - Le respondió mientras daba un par de pasos hacia el túnel que guiaba hasta el metro. Pero se detuvo en seco cuando ella mencionó a su hermano. Apretó la mandíbula un momento, conteniendo el remolino de emociones que otra vez se abalanzaba sobre él. Tomó aire para tranquilizarse, mientras seguía escuchando sus palabras con la mirada fija en el suelo y las manos en los bolsillos de sus jeans. Se quedó en silencio un par de segundos más luego de que ella hubiese acabado de hablar, y sólo se atrevió a abrir los labios cuando estaba seguro de que su voz no delataría cómo se sentía por dentro - Vaya que lo extraño - Pero su voz tembló levemente de todas maneras. Volvió a apretar la mandíbula, y alzó la cabeza para mirar al frente. Eso era lo que debía hacer. Pararse derecho y caminar con la cabeza en alto.

Se giró sobre sus talones y miró a Freyja, ocupada observando un punto en sus manos unidas - Me gustan las galletas de chocolate. ¿Me comprarías unas en la máquina expendedora de la estación? - Le preguntó con una sonrisa, antes de volver a retomar la marcha hacia el túnel, llamando a la castaña con un ademán de mano para que le siguiera. Él realmente le agradecía el gesto, y decidió que eso haría. Él bien sabía que no podía reemplazar a su hermano con otra persona, pero más que fingir que ella era Misha, iba a tratar de olvidar a su gemelo por esos minutos para disfrutar de la compañía ajena. Tenía todo el resto de la noche para extrañarlo. A ella la tendría quizás hasta un par de estaciones más allá solamente.

Vadim se detuvo en la estación y se sentó en una de las sillas anaranjadas a la espera de que llegara el metro. Palmeó el asiento a su lado, invitándola a que le acompañara. Abrió la boca para decir algo, pero las palabras por esa vez parecían no querer salir. Volvió a cerrar la boca y se revolvió el cabello mientras se dejaba resbalar por el asiento hasta quedar semi-acostado en ésta. - Es mi gemelo, Misha. Toda mi vida... había estado con él. Siempre le decía a todos que él era el mayor, aunque sólo tenemos cinco minutos de diferencia - Comentó el castaño con voz pausada y la mirada perdida en las líneas del metro. Vadim alzó la mirada al escuchar el característico sonido de las ruedas sobre las vías, y se incorporó lentamente. Ya venía el metro.



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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Freyja A. Milošević el Vie Abr 19, 2013 1:18 am

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Freyja conocía el egoísmo propio, pero no el reflejado hacia los demás. En ese sentido, la morena era toda una tonta, una ignorante de lo que era sacar provecho de los demás para su propia satisfacción, de lo que era sentir envidia o de lo que era tener una pizca de maldad retorcida. Lúgubre y taciturna pero que no dañaría a nadie, a menos que fuese en defensa propia. Tal vez por eso es que ella era demasiado voluble, demasiado atrayente hacia las personas malas, porque la veían demasiado indefensa como para que fuese una presa difícil, pero se equivocaban, ella tal vez fuese alguien débil, pero tenía la voluntad de dar lucha así no quedase nada de ella, y era por eso que toda esa valía intentaba demostrarla con pequeños detalles que nunca salían como quería. Ella no era antisocial porque así lo quisiera, ella prefería la tranquilidad al bullicio porque no sabría como reaccionar, qué decir, y porque las miradas le paralizaba. Ya de por sí, su personalidad retraída era un impedimento, ¿cuánto más no era estar rodeada de gente falsa y desconocida?. Aún así, en ese momento, su precioso deseo lo usó en el buen samaritano, oh, sí, al castaño al cual ella había mentido. Dentro de sí, se sintió fatal, una criminal, pero nuevamente recordó el motivo por el que lo hacía. No quería ser una molestia.

Y ahora parecía que su deseo egoísta había terminado por lastimarlo. Freyja era observadora, y aunque algo lenta para ciertas cosas, ella podía reconocer la mueca de dolor y el esfuerzo por no derrumbar las fuerzas que lo mantenían en pie. Ella lo sabía, porque ella luchaba con eso todos los días. La morena no sabía qué decir. ¿Disculparse? ¿Serviría de algo?. El rostro de ella se contrajo en angustia por la impotencia de no saber qué palabras decirle ni qué rostro ponerle. Mordió su labio inferior intentando callar cualquier cosa que quisiera decirle, pero simplemente, las palabras no salían. Las voces de guías para las llegadas de la metro hicieron eco, una y otra vez en la lejanía.

- Ga-galletas, claro. - Tartamudeó y torpemente buscó con la mirada una máquina expendedora, distrayéndose un momento hasta que vio las señas de Vadim y lo siguió intentando no tropezarse con sus propios pies. Ella, después de todo, era una experta en caerse en superficies planas. Evadió el gentío que pese a la hora, estaba igual de abarrotado. Siguió el paso del nativo ruso y sus ojos parecían no despegarse de la misión. Buscar galletas de chocolate. Ella no se iría hasta no conseguirlas y a lo lejos pudo ver su meta. Casi podía dar brincos de felicidad de no ser demasiado vergonzosa como para dejarse ver. Ella ignoró el gesto del muchacho para cuando se había sentado y no fue hasta que su voz le trajo a tierra que le prestó atención, allí, parada frente a él, por primera vez sintiendo gigante al estar de pie. Ella no podía entender la añoranza de un hermano, después de todo, el concepto de hermano, para Freyja, era demasiado diferente y algo lúgubre como para compararlo. - Misha... es un nombre muy hermoso - Musitó y no sabía qué más decir ¿debería... qué?. ¿Qué podría decir para que él dejase de poner ese rostro triste?. La castaña se desesperó y enredó sus dedos. El sonido de las vías le sobresaltó y su boca se abrió en asombro y nerviosismo. Retrocedió sin decir nada y casi corrió hacia la máquina expendedora, chocando, disculpándose, sintiendo ese escalofrío que le helaba la piel al tocar a un hombre. Pero no le importó. El tren estaba comenzando su parada y las puertas estaban alistándose para abrirse. Freyja metió el billete sin saber si era o no suficiente, pero se guió por las imágenes de guía en el tablón derecho. Tecleó la opción de las galletas y entonces estas, lentamente, cayeron, una funda solamente, y aunque ella hubiese querido dos, el tiempo era oro y ahora la gente estaba evacuando la metro. Chilló asustada y tomó el paquete, corriendo entre la ahora multiplicada cantidad de gente - Perdón... ah, lo siento... disculpe... - Musitaba cada tanto, con cada tropiezo y cada empujón, su pequeño cuerpo había quedado casi embotellado hasta que pudo salir casi por completo, sólo que su bufanda había quedado perdida quien sabe donde.

Trotó lo poco que quedaba y vio la figura del muchacho, entonces apretó el paso y se paró con torpeza, a punto de caer si no fuera por la suerte de haber logrado equilibrarse. - Lo... - Jadeó. Si ella había estado echa un desastre cuando la conoció, en ese momento ella parecía una mujer maltratada y exhausta. - ¡Lo conseguí! - Dijo apoyándose en sus piernas para luego entre jadeos, extender hacia él, victoriosa, el motín de guerra. Un paquete de galletas de chocolate.

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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Vadim A. Kozlov el Vie Abr 19, 2013 2:24 am

Vadim iba a acercarse a la línea amarilla marcada en el piso, cuando Freyja partió corriendo hacia algún lugar. El castaño se alzó un poco sobre las puntas de sus pies, y entre las personas consiguió ver a la alborotada melena castaña moverse. Miró hacia el túnel, y la luz del metro se hizo cada vez más fuerte. Se acercó a la línea amarilla, y se quedó de pie frente a las puertas, esperando a que éstas se abrieran. Algo había ido a hacer, y él la iba a esperar allí, listo para dejar apretado el botón verde hasta que ella volviera. Y si no, esperarían al próximo tren.

El castaño dejó que todos los pasajeros bajaran, y luego que subieran aquellos que esperaban para entrar. Él se quedó con la mano apoyada en la máquina, mirando en la dirección en que ella había desaparecido. Y entonces la vió, corriendo de vuelta rápidamente. Vadim puso un pie adentro del vagón y dejó el otro afuera. El sonido indicador de que las puertas se iban a cerrar comenzó a sonar, y él dejó apretado el botón verde para impedir que cerraran las puertas. El castaño ya no estaba pensando en ese momento, pues se sentía presionado por el constante chillido de las puertas.

El rostro del pianista comenzó a elaborar una sonrisa, que crecía cada vez más al darse cuenta de qué era lo que ella traía entre sus manos. Había corrido entre toda esa gente para conseguir esas galletas para él. Vadim extendió la mano, con el rostro lleno de felicidad. Podía tener veinte años y una carrera bastante consolidada, pero Vadim volvía a ser un niño cuando le regalaban cosas como aquellas. Tomó con cuidado el paquete de galletas - Gracias - Le dijo con toda su sinceridad, escuchando el grito en ruso del conductor del metro, que les apresuraba. El castaño se subió al vehículo y consiguió un asiento libre para ella, cerca de la puerta. - Yo me quedo de pie, que voy a estar varias horas más sentado dentro de un rato - Comentó con la mirada fija en las galletas.

Vadim se concentró en abrir el paquete sin que este explotara, y justo cuando lo consiguió, el metro comenzó a agarrar velocidad rápidamente. Dió un pequeño salto hacia el costado para no caerse, pero volvió a su posición original sin mucho esfuerzo. Metió la mano al paquete para sacar una de las galletas, y se la llevó a la boca sonriente. Sosteniéndola con los dientes, le ofreció el paquete a Freyja para que ella también comiera. Y al ver su rostro, notó que algo faltaba.

La bufanda.

Se tragó la galleta y giró el rostro rápidamente hacia las puertas. Ya habían dejado la estación, no había vuelta atrás. Lamentó la pérdida, porque estaba seguro de que alguien la habría encontrado y se la habría llevado. - Tu bufanda... - Volvió a mirar por la ventana - Lo siento - Se disculpó el castaño, pues ella la había perdido por ir a comprar sus galletas. Vadim le compraría otra, y se la daría cuando la viera de nuevo. Porque sí, él sentía que la vería de nuevo.

El metro se detuvo en la siguiente estación, hizo recambio de pasajeros, y continuó con su recorrido. Vadim se iba mirando con curiosidad los túneles y a la gente que iba en el metro a aquella hora. Habían algunas personas extrañas, eso él se lo esperaba a esas horas. Le ofreció galletas de nuevo a la castaña, mientras masticaba animado la que recién se había comido. Escuchó el anuncio de la siguiente estación - Como en cuatro estaciones más tenemos que hacer cambio de línea - Le informó mientras se resfregaba los ojos con el dorso de su mano, y pestañeaba un poco. Le ardían los ojos por el sueño, pero aquello al parecer no conseguía disminuir su ánimo. - ¿Qué estudias? - Le preguntó con curiosidad, mientras aprovechaba un espacio para afirmarse de una de las varas metálicas. Apoyó su mejilla en ésta y la miró sonriente, esperando su respuesta. Por alguna razón, él no conseguía tratar de adivinar su carrera. Ella era como un misterio para él, pues ya le había quedado claro que era bastante reservada.

Pero eso sólo conseguía aumentar su curiosidad y ganas de saber más de ella.



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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Freyja A. Milošević el Vie Abr 19, 2013 11:31 am

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¿Ella subnormal o qué?. Evitaba las clases de natación, porque no le gustaba mostrar su cuerpo a nadie; evitaba inclusive las clases de educación física porque la mayoría de ejercicios necesitabas un compañero y ella odiaba ser tocada deliberadamente así que se las saltaba. Inclusive una de las razones por las que no salía, era porque las calles rusas siempre estaban abarrotadas de gente e inclusive prefería caminar antes de tomar la metro, o el bus. ¿Entonces porqué?. Ella a penas y había previsto la idea de que estaría en medio de tanta gente, siendo amagullada, tocada, sofocada. Su mente se había solamente enfocado en hacerle sentir mejor, y si una galleta de chocolate de una máquina expendedora lo hacía, pues el esfuerzo valía la pena. ¿Quién había osado a decirle a ella que era una egoísta arrogante?. Muchas, porque no conocían la verdadera valía de la morena, y mientras el castaño supiese que ella estaba igual de agradecida, entonces todo valdría la pena, inclusive ese asco que comenzaba a sentir junto al malestar del tumulto de gente. Frey cargaba una sonrisa igual de grande que la del pianista y sus mejillas no dejaban ese rubor delicado que se extendía por sus pómulos de forma tan natural y moderada. - Me... Me alegra que te haya gustado... - Dijo después de que las puertas se cerraran y ella estuviese sentada. Ella no haría ninguna protesta, porque prefería ir sentada con el cuerpo de él cubriéndole, que estar de pie, siendo empujada y tocada por varias personas. Así que asentó en una venia corta de agradecimiento y suspiró, exhausta.

Por la calefacción del metro, Frey no sentía la ausencia de su bufanda y sus manos pronto dejaron de estar engarrotadas desde que no había llevado guantes en toda la noche. Su atención se había puesto en los dedos hábiles del castaño y en su fuero interno se debatía si pedirle una pieza o no, realmente quería escucharlo tocar. Pero no podía. Y el pensamiento ciertamente le hizo sentir miserable. Aún así, ella sonreía, cada vez más mientras miraba cómo comía y rió como una cría, sintiendo ese hormigueo en su tórax que te hacía reír sin poder detenerte. El ofrecimiento de la galleta tuvo que rechazarla, después de todo, ella la había comprado para él, pese a que su estómago protestó por la tonta bondad de la morena. - ¿Bufanda? - Y automáticamente sus manos subieron a su cuello y tantearon el cuello alto de la gabardina, sintiendo que faltaba lo cálido y mullido de la lana tejida. Freyja había olvidado por completo la bufanda, así como sus guantes, su dinero, su cartera y todo lo que esa noche había perdido en su mente. Y rió torpemente - No tienes que disculparte, puedo comprar otra - Dijo con sus manos agitándose negativamente en el aire.

Giró su rostro hacia la ventana mirando la rapidez del panorama oscuro del metro, incluso cuando hacía paradas, las personas parecían ir raudas sin descanso, como si la vida se le fuese con cada segundo que perdiesen. La mano de la morena suavemente se posó sobre la fría ventana, dejando una marca limpia al quitarla. Sus dedos comenzaron a trazar líneas en noruego y terminaron con varias letras escritas en la humedad de la ventana. - Vadim y Freyja estuvieron aquí - Tradujo con un perfecto ruso, uno del cual se sintió orgullosa por haber dejado su acento detrás. Aunque, sería solo por esa ocasión. Ella había olvidado el detalle de su hermano en el lobby, el de su madre llorando por teléfono y el de la carta de dimisión que le querían obligar a firmar para dejar la universidad. En el momento en que corrió con todas sus fuerzas, ella estaba huyendo, intentando con todas sus fuerzas llegar a la salida, pero no la encontraba, no la encontraba y al contrario de lo que quería, se había perdido más. Pero él la trajo de vuelta, un total desconocido. La idea de ello le reconfortó y le dio fuerzas que aunque el castaño no notase, allí estaban, relajandole la mente y haciendo que sonriera suavemente. - Literatura y lenguaje - Respondió vagamente y entonces giró su rostro para ver a Vadim - ¿Sabes?... yo... estaba huyendo pero... creo que ahora sé qué camino debo tomar para dejar de correr... - Le dijo vagamente, sonriendo - Gracias. - Y la voz de la mujer anunciaba el cambio de línea.

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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Vadim A. Kozlov el Vie Abr 19, 2013 2:35 pm

Vadim siguió lamentando un poco la pérdida de la bufanda, pero él ya había decidido que le iba a comprar otra. Así que si ella la reponía por su cuenta... bueno, tendría dos bufandas nuevas. El castaño miró hacia el televisor colgado del techo, que mostraba las propagandas. Se entretuvo mirando algunas de perfumes y uno que otro preview de alguna película recién estrenada. Suspiró; él había tenido que regalar su entrada al cine porque iba a reemplazar a su maestro en un restaurante. Y no era como si pudiera negarse, porque sus horarios estaban a disposición de los docentes. Volvió a comer otra galleta.

Sus ojos volvieron hacia la noruega y la descubrió ocupada en el cristal de la ventana. El castaño estiró el cuerpo hacia ésta para ver más de cerca, mientras aguantaba su propio peso agarrado de la vara metálica. Ladeó levemente el rostro, sin comprender las palabras. ¿Estaba en noruego? - ¿Qué...? - No alcanzó a terminar su pregunta y ella le respondió. Vadim sonrió ampliamente, agarró el paquete de galletas con los dientes y estiró la mano libre hasta el cristal. Con su índice, dibujó una cara sonriente al final de la escritura ajena, y luego volvió a incorporarse. Miró satisfecho el recuerdo que habían dejado en el cristal. Lástima que en aquellos momentos no llevara un marcador consigo encima. Nadie se habría enojado por dejar un pequeño mensaje en una esquina.

Escuchó su carrera con atención y miró su rostro detenidamente. Interesante, aquello significaba que a ella también le gustaba el arte. Y que probablemente cuidaba su ortografía y redacción. ¿Qué decía eso de ella? Que era una persona ordenada y, quizás, detallista. Sonrió; todas aquellas eran conjeturas que él había hecho, pero al menos estaba consiguiendo armar una imagen de la chica. Y lo que conocía de ella le agradaba. Fijó su mirada en la ajena cuando ella volteó el rostro, y alzó las cejas un poco, haciendo una mueca sin siquiera darse cuenta. Sintió que el metro comenzaba a bajar de velocidad, presto a detenerse en la siguiente estación, pero su atención estaba concentrada en lo que ella acababa de decirle.

Lo pensó un momento antes de responderle - De nada, aunque no sé realmente qué hice - Ciertamente parecía que había estado huyendo, pero no conseguía comprender el significado detrás de aquellas palabras. Quizás ella no sólo huía físicamente. - Yo también corro muchas veces, pero cuando me detengo logro ver las cosas más claras - Agregó con una media sonrisa, escuchando el cambio de línea. Le hizo un ademán con la mano y se acercó a la puerta, galletas en mano. Vadim caminó tranquilamente hacia afuera, cuidando de no alejarse mucho de la castaña para no perderla entre toda la gente. Por él, la habría guiado con la mano en la espalda, pero ya se había dado cuenta de que a ella rehuía cualquier contacto físico.

Señaló con la mano un enorme cartel en ruso, con el número y el color de la línea que se conectaba - Esa es la nuestra - Comentó mientras entraba al nuevo túnel, que bajaba un nivel. El siguiente metro estaba esperando a los nuevos pasajeros en la estación, y Vadim no apresuró el paso. A veces se quedaban un par de minutos hasta que toda la marea de gente se hubiese calmado. Al entrar, el castaño divisó dos asientos vacíos y ahí si que se apuró para alcanzarlos. Se sentó en el que daba al pasillo, ofreciéndole el de la ventana a Freyja. - De aquí son sólo un par de estaciones hasta tu parada, y--- MIRA, MIRA, MIRA - El castaño le palmeó el hombro con la mano -olvidando completamente el cuidado que había tenido antes de no incomodarla- y señaló el televisor. Un comercial acerca de un concierto de varios solistas en distintos instrumentos, que se llevaría a cabo un par de semanas después.

El castaño sonrió de oreja a oreja cuando salió su imagen en la categoría de piano, y se hundió en su asiento. El metro comenzó a moverse nuevamente, y él la miró alegremente - Te puedo dar una entrada si quieres, a mí me regalan varias para repartir - Le ofreció animado, escuchando el anuncio de la siguiente estación -la cual estaba bastante cerca de la anterior-, la cual le correspondía a él. Las puertas se abrieron.

Y Vadim siguió en su asiento, jugueteando con sus pies, hasta que las puertas se cerraron y el metro continuó con su recorrido.



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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Freyja A. Milošević el Vie Abr 19, 2013 8:52 pm

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Freyja no esperaba que él la entendiese, pero al menos, el castaño había tomado lo esencial de sus palabras, lo que le causó una gran impresión a esa menuda mujer que sólo deseaba agradecer cada detalle de esa noche. - Cuando corres, y te detienes, todo parece claro y limpio - Concordó sonriendo, algo confusa en sus propias palabras, pero seguro de que ahora todo parecía más calmado. Para Freyja, el tiempo corría a toda velocidad, rauda y con furia, tal vez por ello, la morena se empecinaba en huir, en escapar del mar de preocupaciones y miedos que constantemente picaban su vida sin tapujos. Pero darse un respiro después de tanta carrera, parecía ser lo más inteligente y relajante que hubiese hecho desde que comenzó la maratón de su vida. Si llegaba a los dormitorios y se recostaba, estaba segura de que no podría dormir ya que en su pecho todo revoloteaba, como si deseasen salir alas de ella y volar hasta donde la vida le alcanzase. Extraño, totalmente raro que todo ese cambio lo hubiese ocasionado una sola decisión de la morena, pero sobretodo, una sola persona de entre tantos millones. Y nuevamente ella se preguntó si realmente existían las coincidencias, o el hilo rojo comenzaba a tener un final.

Con cierta destreza, ella salió esquivando los empujones de la gente y le siguió el paso a Vadim, aunque ciertamente, era demasiado difícil desde que su miopía le impedía ver con claridad, y tan sólo podía saber que el castaño era su castaño, por los colores de su vestimenta y por la peculiar estatura. Los ojos de ella se estrechaban mientras más forzaba la vista y tuvo que apretar el paso para estar a una distancia prudente. Y así bajaron al próximo nivel. La última parada antes de que ella se bajara una estación después que la de él. ¿Podría hacerlo?. - Y es la última... - Musitó para sí misma, con la voz baja, un susurro que nadie, excepto ella, podría oír. El pequeño cuerpo de la morena iba deslizándose hacia su puesto, para cuando el apresurado toque de Vadim le hizo prestar atención al comercial de la tv. Ella se sentó y forzó la vista, desilusionada por no poder ver nada de la televisión. Aún así, ella lo intentó, su cuerpo lo hizo para adelante, intentando menguar la distancia visual que no alcanzaba. Sin éxito. Ella escuchó por los parlantes el promo y mordió su labio inferior. - Oh, sales muy... bien... - Intentó halagarlo, sin poder sonar muy convincente, después de todo, ella no lo había visto, su miopía se lo había impedido y ella no podía hacer nada más que evitar preocupar a su acompañante. - ¿Puedes hacer eso?... Realmente quisiera ir pero... - Sus dedos comenzaron con el juego de los nudos y sopesó lentamente las posibilidades de estar entre tanta gente, aún así, ella intentaría hacerlo, se lo debía, y más que eso, realmente quería escucharle, tal vez así su corazón se calmaría. - Vale, creo que puedo mover algunas cosas, ¿tienes las entradas aquí? - Preguntó sonriendo, suavemente.

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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Vadim A. Kozlov el Vie Abr 19, 2013 9:50 pm

El castaño asintió ante su comentario, sin tener idea alguna de que su compañera era incapaz de ver claramente lo que salía en el televisor. Según Vadim, el fotógrafo había hecho un excelente trabajo para la propaganda. Le habían elegido un traje hecho a medida, y el castaño había sacado una copia de la foto en un tamaño más grande. Tenía guardadas todas las fotografías y carteles de cada uno de los conciertos que había dado, y de cada concurso en que había participado. Después de todo, cada uno era un logro para él.

Vadim metió la mano al bolsillo de sus jeans de nuevo y extrajo su billetera. - Debería tener un par por aquí... recuerdo que las puse en la mañana... - Respondió mientras revisaba los compartimentos de su billetera. Boletas viejas, una que otra entrada al cine usada, su cédula de identidad con una fotografía que él odiaba cada vez que la veía -siempre parecía que los fotógrafos se empeñaban en hacerte salir mal a propósito-, entre otras cosas. El castaño encontró, junto al par de billetes que llevaba por si acaso, las entradas. Sacó ambas y las revisó rápidamente. Sí, eran esas - Toma, te doy las dos por si conoces a alguien más que quiera ir - Le dijo ofreciéndole los dos tickets. Iba a cerrar su billetera cuando observó una de las fotografías que tenía guardadas allí.

- Mira, mira. Éste es Misha - Le dijo mientras le mostraba la foto sonriente. En ella, aparecía un castaño exactamente igual a él riendo mientras huía de una bomba de agua... lanzada por el mismísimo Vadim. El metro anuncio la siguiente parada, correspondiente a la de la castaña. Alzó su mirada hacia la pequeña pantalla LED para confirmarlo, y se apresuró en guardar su billetera. - ¡Llegamos! - Anunció el castaño animado, llevándose una de las últimas galletas a los labios. Se puso de pie sonriente mientras el metro comenzaba a detenerse, y se giró para mirar a Freyja - ¿Queda muy lejos tu universidad? - Le preguntó casualmente, saliendo del metro cuando las puertas se abrieron. Sí, Vadim la iba a acompañar hasta la entrada de la universidad y por lo mismo había decidido bajarse en aquella estación, y no en la que le servía a él.

Detuvo sus pasos al salir del metro, y se llevó una mano a la barbilla, entrecerrando los ojos - Pero por aquí no hay ninguna universidad... - Extraño. Las estaciones de metro estaban generalmente muy cerca de las instituciones educacionales. Que él supiera, la única universidad por allí era Krovgrekh. Miró a Freyja, algo confundido - ¿Vives en un departamento? - Le preguntó tranquilamente, sintiendo la corriente de aire alborotarle levemente los cabellos al marcharse el metro. El resto de las personas que se habían bajado ya se dirigían hacia la salida de la estación, excepto un sujeto que les miraba desde la distancia y que al parecer venía en el vagón anterior del metro. Vadim se quedó mirándolo fijamente con desconfianza.



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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Freyja A. Milošević el Vie Abr 19, 2013 10:13 pm

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Cuando era niña, tenía un vestido celeste como el cielo de primavera y unos zapatos blancos, impolutos, que hacían juego que las largas medias blancas que se ocultaban debajo de la falda de su vestido. Su voz era más aguda y fuerte que ahora, tal vez chillona y muchas veces ronca por las veces que gritaba el nombre de su hermano de todas las maneras posibles. ¿ Quien diría que la adultez le sentaría tan bien?. Nadie, nadie lo diría porque ella no daba pie a halagos ni alabanzas de ello, inclusive, hacía lo posible por no mostrarse ante nadie que la hallase conocido en su infancia, aunque, en un país lejano a su tierra madre, era casi imposible que ello ocurriese. Su infancia duró hasta los ocho años, edad en la cuál perdió todo rastro de la niña alegre y sociable que una vez fue, así que mucho de ella pocos conocían, inclusive Astrid, su mejor amiga, muchas veces terminaba intrigada por conocer más de "blanca nieves". - Tomaré las dos, gracias - Las tomó con detenimiento, mirando los asientos que se recitaban en un costado, uno a lado de otro. Se lo daría a la rubia, ella adoraba cualquier escusa para salir, así que no le molestaría acompañar a Freyja a un concierto, aunque tendría que ocultar la parte de que fue dado expresamente por uno de los concertistas. Dobló cuidadosamente las entradas y las colocó en el bolsillo de su gabardina, cerrando la solapa de esta con suma precaución para que no se cayesen. En la billetera de la morena a penas y habían unas cuántas tarjetas de la biblioteca, su carnet estudiantil, su cédula de identidad y alguna factura de libros y video juegos. La morena no cargaba ni una sola foto, ni de su hermano, ni de su madre, ni de su familia. ¿Era extraña?. Se comenzó a preguntar si tal vez algo andaba mal con ella cuando el muchacho le mostró la foto de su gemelo, y ella acercó más su rostro hacia él, hasta quedar a una distancia en la que podía sentir el vaho de su respiración rozar sus mejillas. Aún así, ella estaba demasiado concentrada en la sorprendente similitud entre ambos. - Es un tú, pero no eres tú. - Dijo torpemente, sin poder medir las palabras de sorpresa, y no fue hasta que él se puso de pie en que ella volvió a la realidad, dejando la fascinación a un lado.

Ella se puso nerviosa cuando él se bajó ¿Su parada ya había pasado? ¿Él había dejado pasar su parada? ¿Porqué? ¿En qué rayos pensaba ese pseudo alien?. El rostro de la morena de seguro parecería de cuadro ya que el desconcierto y confusión eran tan legibles que ni aunque quisiera, podría esconder la sorpresa de todo ello. Tardó unos minutos en procesar lo que él balbuceaba, o decía, o lo que fuese. Los oídos de ella pitaron, cosa que ocurría cuando no terminaba de entender por completo la situación. - ¡¿Q-Qué acabas de hacer?¡ - Chilló, tal vez no gritando, pero sí horrorizada, como si su acción hubiese sido un crimen, y justo cuando lo iba a regresar al metro, este se había ido. ¿Habrían más paradas? ¿Cuánto tardaría el de regreso?. Ella se desesperó aún más con su pregunta y sus ojos sollozaron. Ella mordió su labio inferior y entonces dejó salir un suspiro. - Gracias por tus buenas intenciones pero, de aquí puedo ir sola. - Dijo, frunciendo levemente el ceño. - Debes estudiar, y practicar ¿no tienes un concierto? No puedes ser imprudente quedándote en la noche, solo, ¡eso es demasiado! - Arremetió, con una voz preocupada, y entre un susurro y un regaño. Ella temblaba, por el frío, no tenía bufanda y sus manos estaban tan heladas como un iceberg, sus labios de un rosa suave comenzaron con un rojo intenso que pronto iba subiendo de tono. - Vete, de aquí puedo sola. - ¿Cuánto más quería hacer por ella? Freyja era una desconocida con problemas sociales, que sonreía solo porque él la provocaba, eso era todo, lo único que quería era terminar ese capítulo y dejar de ser una molestia.



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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Vadim A. Kozlov el Sáb Abr 20, 2013 7:35 pm

Vadim se sobresaltó al escuchar su chillido, sin comprender qué estaba pasando. ¿Que qué acababa de hacer? - Me bajé en tu estación, eso hice - Respondió aún desconcertado, mirando hacia los costados como si con ello consiguiera descubrir qué rayos había pasado. Ésta era una de las veces en que él sinceramente no entendía a las mujeres y sus cambios de ánimos. Se revolvió el cabello, pensando en qué hacer. No acababa de entenderlo, ¡¿Qué rayos había hecho mal?!

Volvió a mirarla cuando escuchó su voz de nuevo - Pero está oscuro y... - Se calló de nuevo al ver que Freyja continuaba atacándole, o defendiéndose. A estas alturas Vadim ya no sabía qué pensar - Pero... el concierto no es problema, tengo ensayo en media hora más recién, y ya tengo bastante estudiada la pieza y... ¿Cómo que es imprudente quedarme solo de noche? A mí no me va a pasar nada, estoy acostumbrado a andar de noc-- - Dejó de hablar. Quizás ella había reaccionado así porque quería librarse de él, pero el castaño era demasiado despistado como para notar esas cosas. Según él, había metido las patas en algún punto. Y no sería la primera vez, sin saber porqué, se enfadaban con él.

Abrió la boca para soltar alguna otra frase en su defensa, pero sus palabras simplemente no salieron. Freyja le acababa de hablar directamente y lo había dejado callado. La mayoría de las veces, esa era la única manera de hacer entender al castaño, cuya mente iba siempre rápida y él era incapaz de detenerla por su cuenta. Pero ahora, ya se había hecho el silencio dentro de su cabeza. Bajó la mirada un momento, algo descolocado y asintió - Bueno, me iré, pero para salir tienes que pasar mi tarjeta por la máquina y yo la necesito para volver - Y dicho eso, el castaño se encaminó en silencio hacia la salida. ¿Realmente estaría bien volviendo sola? Quizás realmente le quedaba cerca de la estación. O quizás simplemente se había enojado con él, por razones desconocidas como siempre le pasaba. O bien, quizás estaba usando la psicología inversa con él, cosa que jamás llegaba a entender. Para él, sí era sí y no era no.

Vadim se detuvo a un costado de las máquinas, con las manos en los bolsillos de su abrigo. Giró el rostro, aún claramente desconcertado - E insisto, creo que la que está siendo imprudente aquí eres tú, que quieres andar sola por las calles de noche cuando yo podría acompañarte perfectamente - Y sí, ese era el último intento que iba a hacer. Si se volvía a negar, el castaño respetaría su decisión y la dejaría tranquila. Pero no se quedaría en paz. Vadim era curioso por naturaleza, y cuando algo no lo comprendía, él se desesperaba y buscaba respuestas hasta que las encontraba. ¿Y si no las encontraba? Bueno, el tiempo generalmente le hacía olvidar el asunto, pero no sin antes haberlo tenido buscando por varios días.



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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Freyja A. Milošević el Dom Abr 21, 2013 7:52 pm

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LA PLAZA ROJA; NOCHE; VADIM
Se sentía tan frustrada que las lágrimas empezaban a amenazar con brincar. Freyja nunca ha sido de las que dependía de otros, pero tampoco era de las que mentía, y en ese momento lo hacía. La morena simplemente no quería estar en deuda con un hombre, aún si ese hombre era alguien tan amable como Vadim. Al ver el rostro compungido del castaño, ella no pudo sentirse más miserable. ¿Había sido demasiado brusca?. Sí, lo había sido, y pronto ella se dio cuenta que estaba siendo más que una molestia, estaba siendo pesada, y se odiaba por eso. Y nuevamente ella era malentendida. ¿No podía expresarse mejor?. Tal vez un "No quiero que pierdas tu valioso tiempo de estudio conmigo", hubiese sido lo mejor, en vez de ese grosero "vete". Como fuese, ella estaba al borde de las lágrimas, y por ende su cabeza estaba estratégicamente ocultar tras su melena oscura.
- Vale - Respondió esperando que la voz le hubiese llegado, ¿y cómo no escucharse cuando el maestro de las palabras había quedado en silencio?. Freyja mordió su labio, mirando la espalda de Vadim en silencio, ¿y si le pedía disculpas?. Estaba llena de sentimientos que nuevamente, no podía expresarlos. Freyja se quedaría callada y no dirá nada mientras se hacía la fuerte, esa era la mujer en que se había convertido tras años de lucha y decisiones. Nadie la llegaría a comprender aún si se expresara ya que ella hablaba demasiado bajo, demasiado lento, sin un vocablo demasiado extenso más que para cuando realizaba sus ensayos escritos y demás. Interactuar nunca había sido su fuerte y mucho menos las explicaciones. Ella aunque quisiera, tenía miedo de no ser comprendida, ella estaba cansada del rostro decepcionado de los demás que se había resignado a callar y dejar que el resto pensase lo que quisieran de ella. Porque nadie la conocía. Y cuando había pensado que alguien podría entenderla, aunque sea un poquito, ella terminaba diciéndole que se fuera.

Impotencia y frustración. Sus pasos se detuvieron justo en la salida. Ella hurgó en su bolsillo y encontró la tarjeta. Ni siquiera se había percatado de que había un hombre aún en la estación, ni que el policía estaba dormido, ni que era demasiado noche como para que ella anduviera sola. Escuchó al nativo lentamente, y en su cabeza martillaban sus palabras, una y otra vez. Él no era un sabio, pero tenía razón, la que se estaba portando de una manera absurda era ella. ¿Pero qué podía decir en su defensa. - Gracias. - Masculló, con la voz semi quebrada y sus pequeñas manos pálidas extendidas con tarjeta entre dedos. Se la dio mientras se encogía de hombros y sus manos regresaban a ella en un abrazo de calor en el crudo invierno. - Tú... deberías volver... - Masculló - ... No... - Lento, como un susurro contenido por un mar de lágrimas tragadas - No quería ser una molestia... Yo... no soy buena expresándome y... lo siento si soné grosera o como si... estuviese enfadada... o... como lo hayas tomado... - Sus ojos vagaban entre un punto neutro en el suelo y la punta de sus zapatos. - Creo que he complicado las cosas - Esbozó una sonrisa amarga. No había salido nada como lo había planeado, y al contrario, había dado todo un vuelco. Si ella tan solo le hubiese dicho la verdad desde un inicio, ambos hubiese regresado juntos y no tendría que estar perdiendo tiempo el muchacho entre ir y venir, como si de una niña caprichosa se tratase. ¿Qué pensaría de ella?. ¿La consideraría alguien inmadura? ¿Que estaba loca? ¿Un ser despreciable por mentir?. El miedo le abrumó, como a una pésima mentirosa, y sus ojos cada vez ya no podía detener las lágrimas de la frustración y la impotencia. Pero no lloraría, porque eso sería darle más problemas a su salvador. Apretó su mandíbula con fuerza y tomó una bocanada de aire. - Yo... no estoy acostumbrada a la amabilidad de la gente y... tengo miedo de aceptarla para luego terminar dañada, esa es la razón por la que quería que tu buena voluntad tuviese un punto, un límite... - Explicó - Dime, Vadim, ¿Qué haría tu hermano en esta situación? - Preguntó y rápidamente calló porque su garganta estaba quebrada.



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Re: Quiet midnight (Libre)

Mensaje por Vadim A. Kozlov el Lun Abr 22, 2013 7:09 pm

Observó la tarjeta en las manos de la castaña, y Vadim extendió la suya para recibirla. Jugueteó con la tarjeta entre sus dedos un momento, aún dudando sobre si la dejaba o no ir. Al final, decidió acercar la tarjeta a la máquina. Tú deberías volver El castaño la miró sin comprender al escuchar el susurro. Y menos mal que tenía buen oído, porque de lo contrario el comentario habría pasado desapercibido.

Vadim podía ser despistado, pero ya había notado que las palabras no eran el fuerte de ella. Aunque al parecer, cuando quería, sí que era capaz de hablar con confianza. Él había pensado que eso había ocurrido cuando le había pedido que se marchara, pero ahora nuevamente estaba dudando. Ella le confundía enormemente. - ¿No estás enojada entonces? - Le preguntó, pues quería confirmarlo para estar seguro. Se mordió el labio inferior, mientras miraba al guardia dormido en su puesto de trabajo. El sujeto que se había bajado junto con ellos se encontraba sentado tranquilamente en uno de los asientos del metro, a una distancia prudente de ellos. El castaño siguió dudando.

Pero sus siguientes palabras le hicieron tomar la decisión. ¿No estaba acostumbrada a la amabilidad de la gente? Vadim eso sí que no lo comprendía. Todas las personas conocían como mínimo a un par que eran amables. Él no conseguía imaginar a qué se refería con aquello, pero por alguna razón no le gustaba. - Yo no te voy a dañar. Al menos trataré de no hacerlo, porque muchas veces no me doy cuenta de lo que digo o hago, pero no es con malas intenciones - Le dijo el castaño, cada vez alejando más la tarjeta de la máquina.

Y su última pregunta lo descolocó un poco. ¿Su hermano en esa situación? - Si tú fueras Misha, él probablemente aceptaría la ayuda, casi siempre lo hace a menos que sea algo que realmente quiera hacer por su cuenta - Respondió el castaño luego de pensarlo un momento - Pero si yo fuera Misha, te aseguro que también te habría ofrecido su ayuda - Finalizó, seguro de su respuesta. Intercaló miradas entre el sujeto sentado y ella, y decidió que tenía que convencerla. Se negaba rotundamente a dejarla cuando ese tipo podría perfectamente seguirla.

- Te voy a ser sincero, yo no espero nada a cambio de mi ayuda. Y no pienso que te estés aprovechando tampoco. Lo hago por varias razones, de hecho. La primera, es que así como yo ayudo, me gusta que me ayuden cuando lo necesito. La segunda, es que realmente no tengo nada más que hacer hasta más tarde, estoy en mi descanso. Y la tercera, es que no me quedaría con la consciencia tranquila sabiendo que te dejé sola por la noche, a merced de cualquiera que quisiera hacerte daño. Quizás como ese tipo que está sentado allá, que se bajó con nosotros del metro - Explicó, señalando discretamente al sujeto con un ademán de cabeza - Así que, por favor déjame ayudarte Freyja. De verdad no me quedaré tranquilo si no me aseguro de que llegues bien. - Le pidió sinceramente, porque no quería tener que seguirla para asegurarse por su cuenta. Ella de seguro se llevaría una mala impresión si hacía eso. - ¿Me dejarás acompañarte? - Le preguntó finalmente, ofreciéndole de nuevo la tarjeta.



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